“La Asamblea Nacional Constituyente” por Jimeno Hernández.

Una constante en la historia republicana de Venezuela es que las revoluciones o Golpes de Estado que derrocan un gobierno suelen terminar con la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. Nada como pretender sepultar el pasado y arrancar de nuevo para cometer los mismos errores en los cuales ya hemos incurrido.

El 1ro de mayo del año 1893 se reúne la Asamblea Nacional Constituyente convocada por el General Joaquín Crespo. Esta será el remate a su movimiento revolucionario que acabó con el gobierno continuista del Dr. Raimundo Andueza Palacio.

Los representantes del pueblo se encuentran divididos entre Liberales y Conservadores. Los primeros aplauden el nombramiento del General José Antonio Velutini como Presidente y los segundos aplauden el del General Ramón Guerra como Vicepresidente.

Un rotativo caraqueño de la época publica la crónica de la instalación de la Asamblea y su primera sesión diciendo lo siguiente: No está integrada por grandes inteligencias, tampoco se destacan grandes caracteres. Representan simplemente las agrupaciones personalistas que pusieron sus esfuerzos al servicio de la Revolución. Están allí los desconocidos de la víspera que suplen su falta de idoneidad con el entusiasmo por el cargo que los ha elevado el derecho de la victoria.

Ante la Asamblea Nacional Constituyente concurre el General Crespo en su condición de caudillo vencedor y Jefe Provisional del Poder Ejecutivo. El Dr. Pedro Ezequiel Rojas, Canciller de la República, pronuncia un largo y pomposo discurso en el cual resume la afortunada aventura de la “Revolución Legalista”.

El guariqueño toma el podio para dirigirse a los diputados y el primer tema que aborda es el de los juicios de responsabilidad, procedimientos jurídicos destinados a imputar a los funcionarios del gobierno depuesto por los crímenes cometidos contra la Constitución. Aunque esta medida de la que tanto se habla en estos tiempos fue idea suya, solicita a los legisladores que practiquen la clemencia y desistan de persecuciones políticas que mucho daño podrían causar a la República.

El General Velutini le promete al Presidente Crespo que la Asamblea Nacional Constituyente hará lo posible por extender su manto de perdón. Así lo hace el órgano legislativo acordando el indulto un par de días después de su instalación.

Solo dos diputados se oponen a la moción de sobreseer los juicios de responsabilidad y la medida de clemencia solicitada por Crespo: el General José Manuel “el mocho” Hernández de Caracas y Antonio Aranguren del Zulia. Los estudiantes universitarios que se encuentran en las barras estallan en aplausos cuando el diputado Hernández sostiene que las sanciones contra el Ex Presidente Raimundo Andueza Palacio, el sucesor Guillermo Tell Villegas y el Ministro Sebastián Casañas son necesarias para sanar la salud moral de la República.

A medida que la Asamblea Nacional Constituyente entra a cumplir su función de modificar la Constitución Nacional, varias veces reformada por interés y capricho del General Antonio Guzmán Blanco, la gente va perdiendo interés en este proceso político y lo que sucede entre las paredes del Capitolio. Todo el mundo sabe que las novedades constitucionales se limitaran a estirar el periodo presidencial a cuatro años, terminando así con el famoso bienio impuesto por el “Ilustre Americano”. Exactamente lo mismo que intentó el Dr. Raimundo Andueza Palacio y la razón por la cual el General Joaquín Crespo se alzó en armas contra su gobierno al mando de su “Revolución Legalista”.

Resulta curioso el hecho que la rivalidad que dividió al Partido Liberal Amarillo en dos bandos irreconciliables y terminó con el estallido de la guerra civil “legalista” de 1892, no se originó a causa de la reforma constitucional sino por la persona que debía estrenar la ampliación del mandato constitucional. Un bando pujaba por el continuismo de Andueza Palacio y el otro por el legalismo del General Crespo, el primero abogaba por el gobierno de los civiles y el segundo por el de los militares.

Durante seis meses trabajan los legisladores y el General Crespo ejerce la Presidencia en nombre de la Revolución Legalista por más de un año. El llanero ondea una bandera blanca para distinguirse de los Liberales Amarillos que apoyan a Andueza o esos que aún defienden los intereses de Guzmán Blanco, o mejor dicho, sus adversarios políticos.

El nuevo texto constitucional es promulgado y, además de estirar el periodo presidencial, devuelve a los venezolanos el derecho a elegir en votación universal, directa y secreta a los Poderes Públicos, conquista alcanzada por la Constitución de 1864 y posteriormente descartada por las reformas impuestas en los años de la dictadura guzmancista.

Es así que la Asamblea Nacional Constituyente cesa sus funciones y convoca a elecciones presidenciales el día 10 de diciembre de 1893, comicios que dan como ganador al General Joaquín Crespo pues no se presentará ningún otro candidato.