“El barco fantasma” por Jimeno Hernández.

Manuel Antonio Matos, hombre de comercio, hacendado y banquero, es enemigo declarado del General Cipriano Castro y ha tenido que abandonar Venezuela con su llegada al poder.

Desde su exilio en Europa traza planes con el objetivo de acabar con el régimen del dictador andino. A diario envía cables a distintos lugares de Venezuela y el exterior para aglutinar a los enemigos del Cabito de Capacho en un movimiento nacional en su contra y reunir capital para financiar la empresa.

En Venezuela ya hay varios alzados en contra del gobierno, allá no es problema reunir a los enemigos de Castro. Y como el Sr. Matos es hombre de negocios tampoco le cuesta mucho lograr un préstamo de la “New York & Bermúdez Company” por un monto de cien mil dólares. Con ese dinero compra en Londres un barco de transporte llamado el “Ban Right”, lo manda a equipar como buque de guerra y luego se dirige a Amberes donde compra un moderno parque de armas. Ya todo está listo para su “Revolución Libertadora” y el hombre se embarca para cruzar el inmenso océano que lo separa de la patria.

Matos desembarca en “Fort de France” en la isla de Martinica y son muchos los que se acercan, desde Venezuela, a visitarlo en el puerto antillano y unirse a la conjura de la Revolución Libertadora. Así lo hacen famosos caudillos orientales como el octogenario Domingo Monagas, hijo de José Gregorio Monagas el “Libertador de los esclavos”; Nicolás Rolando; Horacio Ducharne y Pedro Ezequiel Rojas.

En Martinica Matos nombra al viejo Domingo Monagas como Comandante en Jefe del “Ban Right” y la primera orden del nuevo Capitán del navío es arriar el pabellón británico y cambiar el nombre “Ban Right” por el de “Libertador”. Bajo nuevo comando y lleno de generales alzados, una tarde a principios de enero del año 1902, zarpa el buque de guerra para desaparecerse en el horizonte del puerto de Fort de France con las ultimas luces del ocaso.

Parte de Martinica con rumbo hacia el Sur y navega un par de días pasando frente las islas de Santa Lucia, San Vicente y Granada hasta que una noche alcanzan las costas orientales de Venezuela. Se detienen en el sitio de Terrón Colorado con el propósito de conseguir gente que se una a la expedición, pero no tienen suerte. Lo mismo les sucede la noche siguiente en las playas de Machurucuto.

Ante el fracaso en la tarea de reunir voluntarios en Oriente, el General Domingo Monagas, militar sobre quien Manuel Antonio Matos ha colocado su fe en la misión del Libertador, da la orden de continuar la navegación rumbo al Oeste para alcanzar la isla de Curazao.

Allá en Curazao lo esperan para unirse a la expedición algunos generales de occidente del país como Gregorio Segundo Riera, Juan Pablo Peñaloza, Espíritu Santo Morales y otros más. Una vez que estos nuevos voluntarios para la revolución se encuentran abordo, vuelven Manuel Antonio Matos y los suyos a levar el ancla del buque de guerra para alejarse de las playas de Curazao y fundirse entre las sombras.

El antiguo “Ban Right” ahora disfrazado de Libertador, de aquella noche en adelante, se convierte en un barco fantasma, una nave invisible que deambula por las aguas del Mar Caribe en acechanza de las costas venezolanas, en esto consiste precisamente la estrategia del General Domingo Monagas.

A la luz del Sol navega el Libertador alejado de las costas, lo suficientemente lejos para que le sea imposible al ojo humano ver tierra firme desde la embarcación o viceversa. Y en horas de la noche se acerca sigiloso a pasearse por las playas de Venezuela y hacer de las suyas. De eso se cerciora el mismo Capitán del barco, quien a pesar de ser anciano, frágil y achacoso, se presenta al timón a las tres de la mañana para dar la orden de alejarse de la costa y se mantiene de pie dando instrucciones mientras el casco del barco corta las olas en altamar durante más de doce horas. Es a eso de las cuatro o cinco de la tarde que da la orden de enfilarse hacia tierra firme y se retira a su camarote.

Es así que durante los primeros meses del año 1902, este barco fantasma va merodeando por las costas de Venezuela acercándose a la orilla por las noches para desembarcar generales, tropas, armamento y municiones, creando una red de abastecimiento para el ejercito de rebeldes.

Entonces va el buque Libertador paseándose de Occidente a Oriente y dejando por distintos lugares del país a las fuerzas de la Revolución Libertadora de Manuel Antonio Matos que irán, poco a poco, incendiando el mapa de Venezuela.

Todo parece estar marchando para la rebelión.