“La conjuración descubierta II” por Jimeno Hernández.

Sin esperar respuesta de las autoridades en Madrid, decidió el Capitán General de Venezuela, Don Pedro Carbonell, formar una comisión liderada por el Capitán Evaristo de Buróz con el objetivo de cazar a los prófugos en Las Antillas, arrestarlos y conducirlos a Caracas para ser juzgados por las autoridades de la Real Audiencia.

Entre los documentos de Estado 70, N.27, expediente titulado “Capitán General de Caracas sobre comisión a Evaristo de Buróz”, se encuentra una carta con fecha 21 de noviembre de 1797, del Capitán General de Caracas, Pedro Carbonell, al Príncipe de la Paz, Don Manuel Godoy, en Madrid. En esta se le participa a Su Excelencia sobre las resultas de la comisión del Capitán de Infantería Evaristo de Buróz, funcionario que ha viajado a la Isla de Guadalupe, “en la peligrosa temporada de huracanes”, para reclamar ante las autoridades francesas la entrega de los siguientes reos de Estado: Juan Picornell y Manuel Cortés, presos escapados del Castillo de La Guaira; y Manuel Gual y José María España, solicitados por ser artífices de la conspiración descubierta el 13 de julio de 1897.

-El Capitán Evaristo de Buróz informa que ninguno de los reos se encuentra refugiado en la Isla de Guadalupe, así lo han garantizado las autoridades francesas… Picornell, Cortés, Gual y España continúan prófugos de la ley.-

En el expediente marcado Estado 70, N.23 y titulado “Capitán General de Caracas sobre proyecto de insurrección” se encuentra una carta con fecha 23 de marzo de 1798, del Capitán General de Caracas, Pedro Carbonell, al Príncipe de la Paz, Don Manuel Godoy, en Madrid. La carta contiene noticias dadas por un vecino de Maracaibo llamado José Manuel Serrano. Este acusa a los sediciosos Manuel Gual, José María España, Juan Picornell y Manuel Cortés de planear una invasión desde Curazao con ayuda que reciben desde la isla de Guadalupe.

El Sr. Serrano informa que, en aquella colonia francesa, Manuel Gual recluta 900 hombres y José María España negocia un barco con una tropa de revolucionarios de los Estados Unidos. Concluye que la rebelión descubierta el 13 de julio de 1797 aún no ha sido sofocada y advierte a las autoridades caraqueñas que los rebeldes planean un desembarco en Maracaibo con el fin de levantar la provincia en armas contra la corona.

Aquel año las autoridades españolas arreciaron la búsqueda de los rebeldes por Las Antillas. De poco sirvieron los 500 pesos que pusieron de recompensa por cada una de sus cabezas pues los fugitivos se pasearon libremente por las islas de Curazao, Trinidad, Guadalupe, Martinica, Saint Thomas y Saint Croix. Durante casi dos años continuaron sus planes de invadir Venezuela para liberarla del yugo español y crear la República.

A principios de 1799, contra el consejo de muchos, José María España decidió regresar a La Guaira. Cuatro meses permaneció escondido en las cercanías de aquel puerto intentando provocar una rebelión de negros en Naiguatá, pero fue capturado el 29 de abril de aquel año y llevado a Caracas para ser presentado ante la Real Audiencia.

En “Estado 67, N.67”, titulado “Expediente sobre conspiraciones en Venezuela” se encuentra una misiva de fecha 10 junio de 1799, de Diego Rafael Mérida, funcionario de la Real Audiencia de Caracas, en la que comunica a las autoridades de la Península sobre captura de José María España y la sentencia dictada por la Real Audiencia de Caracas en el caso de la conspiración descubierta el 13 de julio de 1797.

-Vistos los autos de la causa criminal, formada contra los reos de la sublevación descubierta el 13 de julio de 1797, vueltos a examinar los votos que se han hecho en acuerdos continuados desde el día 5 de mayo de 1799, y en conformidad con lo pedido por el Fiscal Interino de esta Real Audiencia, se decidió condenar y se condenó al reo José María España a llevársele de la cárcel a la Plaza Mayor amarrado de una bestia de Albarda, donde fue ejecutado en la horca y después de muerto se le cortó la cabeza y esta fue clavada en un palo de treinta pies de alto y colocada a la entrada de la ciudad de Caracas.-

José María España fue ajusticiado el 8 de mayo de 1799 y los cronistas han marcado esta fecha como el punto y final de la más famosa conspiración pre independentista en Venezuela, cosa que no es del todo cierta.

En el mismo expediente se encuentra una carta con fecha 22 de junio de aquel año, marcada con el número 4, del Capitán General de Caracas, Pedro Carbonell, al Primer Secretario de Estado. Esta confirma que las denuncias realizadas por el Sr. José Serrano eran ciertas. Al Puerto de Maracaibo llegaron tres embarcaciones extrajeras para intentar “la sublevación de aquella Provincia”. Se trataba de otro conato de sublevación y nadie sino Gual, Picornell o Cortés podía estar detrás de la revuelta.

Luego de la captura y ejecución de José María España, la situación de Manuel Gual se tornó en exceso difícil. El episodio de los barcos extranjeros en Maracaibo resultó en fracaso y las autoridades españolas estrecharon el cerco en torno a su persona. Tuvo que adoptar el pseudónimo de “Monsieur Bourdon” para evitar ser detectado por los espías de la corona y pasó sus últimos días evadiendo captura.

En el año 1800 viajó a Saint Thomas, colonia danesa, con el objetivo de conseguir armamento y reclutar voluntarios para organizar otra expedición que partiría desde Trinidad en dirección a tierra venezolana en un tercer intento de liberarla. Sus esfuerzos resultaron infructuosos y se devolvió a aquella colonia británica con las manos vacías. Durante meses fue vigilado día y noche por el Gobernador Thomas Picton, así como también por los espías ingleses y españoles.

A finales de septiembre cayó enfermo a causa de una fiebre que lo relegó al lecho. Algunas teorías apuntan que fue victima del vomito negro, otras tienden a sugerir que agentes de la corona pagaron a uno de sus criados de confianza para que este lo envenenara. Lo cierto es que Manuel Gual expiró su último aliento la tarde del 25 de octubre de 1800 en Trinidad.

Aquel día terminó la rebelión de Gual y España, pero el daño ya estaba hecho y aún continuaban libres los reos Juan de Picornell y Manuel Cortés.