Aciertos y desaciertos de los últimos cuatro meses en Venezuela (una perspectiva desde la lucha no violenta)

Hace cuatro meses se dio inicio a un proceso de protestas sociales en Venezuela, como consecuencia de una decisión emanada del Tribunal Supremo de Justicia con la que pretendía asumir las funciones del poder legislativo. Al Tribunal le interesaba en particular tener la capacidad de hacer contratos relativos al Estado sin la supervisión y control de la Asamblea Nacional, puesto que cualquier intento de financiamiento externo desde el 2016 debía ser aprobado por dicha Asamblea, de mayoría opositora. Por esto, el gobierno central se manejó en los límites del financiamiento externo hasta marzo de este año con la sentencia del tribunal supremo ya mencionada.

 

Esa decisión desató la indignación de la mayoría de la población y provocó una oleada de protestas de gran parte de la sociedad. No era precisamente la única razón para protestar, pero sin duda fue el desencadenante de ello. Frente a esta situación, los líderes de oposición decidieron tomar la opción de enfocar la protesta desde una perspectiva de Lucha No Violenta.

 

Los Movimientos de Lucha No Violenta han demostrado tener mayor efectividad para combatir una dictadura. La investigación de Chenoweth y Stephan (Why civil resistanceworks) demuestra con datos cómo los movimientos de lucha no violenta, desde principios del siglo XX hasta 2006, tienen una probabilidad de éxito por encima de 50%, mientras que con cualquier intento armado esa probabilidad se reduce a alrededor de 20%. Esto genera una influencia importante a la hora de elegir qué tipo de lucha uno debe proponerse, no por la superioridad moral que significa participar en una resistencia civil, sino por la efectividad y la capacidad de cambio que de ella pueda derivarse. Por ello hace cuatro meses, cuando empezaron las protestas a nivel nacional y varios voceros de la oposición manifestaban la necesidad de incursionar en la protesta no violenta, de cierta forma indicaban un camino difícil pero que tenía más probabilidad de éxito que otro.

 

No obstante, asumir la Protesta No Violenta como el camino que hay que incursionar no es algo que pueda decretarse con el simple hecho de incorporarlo al discurso. Requiere de varios factores para que este tenga éxito, pero en particular de tres: unidad, disciplina y estrategia. Los Movimientos No Violentos que han fracasado en la historia reciente deben su fracaso en mayor o menor medida a la falta de cualquiera de estos tres elementos. Veamos el caso de Egipto en 2011, cuando la unidad entre los musulmanes, los católicos y demás actores políticos se fraccionó, se forjó una alianza entre musulmanes y militares para que asumiera la presidencia Morsi, siendo un gobernante con más rasgos autoritarios que el depuesto Mubarak. O el caso de Siria, que su falta de disciplina no violenta fomentó que grupos opositores incursionaran en la violencia para confrontar el régimen de Al-Assad, que a su vez justificaba la utilización del ejército para aplacar a los que ellos consideraban rebeldes.

 

Entonces, habría que preguntarse ¿cómo evaluamos el desempeño de la Lucha No Violenta en estos cuatro meses? Recordemos que la misma se plantea sustituir los regímenes dictatoriales a través de un cambio en las relaciones de poder. La lógica detrás de cualquier sistema dictatorial siempre es la misma: los dictadores se sostienen porque existe un grupo de personas con diferentes atributos (poder político, recursos económicos, conocimiento, etc.) que apoyan al dictador porque reciben un beneficio al hacerlo. En la medida que se vayan alterando esas relaciones de poder que mantienen al dictador, se irá reduciendo su capacidad de maniobra en el poder. Por ende, la Lucha No Violenta se plantea poner en un dilema aquellas relaciones que sostienen al régimen para aumentar los costos de seguir apoyándolo.

 

Teniendo en cuenta la lógica de las relaciones de poder, discutida en el párrafo anterior, empecemos por los aciertos que se obtuvieron en los últimos meses.

1) Plantearse como fin último el rescate de la democracia. Podrá sonar cliché, pero argumentar que el objetivo es la democracia establece que la lucha no es existencial contra los adversarios políticos. De lo contrario, no habría incentivos para voltearse contra el gobierno.

2) Hacer que figuras vinculadas al chavismo se manifestaran públicamente en contra del gobierno. Luisa Ortega Díaz, Gabriela Ramírez, Nicmer Evans, Miguel Rodríguez Torres, Gustavo Dudamel y otros marcaron su distancia con el Ejecutivo. Aunque sólo Luisa Ortega tuviese poder político por ejercer el cargo de Fiscal General, los demás influenciaban a la población que aún tiene algún vínculo con el chavismo vigente. Debe quedar claro que no fue suficiente para que hubiese un quiebre definitivo, pero sin duda contribuyó para que muchos reflexionaran sobre el rumbo que estaba tomando el gobierno.

3) Dejar espacio para la negociación como salida del gobierno. Ofrecerles una vía de escape a través de la negociación motivaría a algunas personas para restarle su apoyo al gobierno, a cambio de mantener algunas de sus concesiones.

 

Quizás por ese lado hubo un planteamiento coherente y correcto, sin embargo, el resto de las cosas que definen un Movimiento No Violento exitoso faltaban. Empezando por los tres factores primordiales, se podría argumentar que estos estaban ausentes. 1) La estrategia. No es secreto que muchas de las actividades que se proponían a veces se generaban gracias a la improvisación entre los actores políticos. Por falta de acuerdos o tal vez por poco conocimiento sobre actividades. Cualquiera que sea el caso, se notaba cuando la improvisación se adueñaba de la dinámica, y esto perjudicaba los objetivos y las victorias en las actividades.

2) La poca disciplina por parte de las filas opositoras. Esto era de esperarse. Al ser un movimiento que arrancó como una consecuencia, y no como una propuesta pensada desde antes, no hubo tiempo para enseñar y educar a las filas propias para que no atacaran violentamente a la policía y guardia nacional. Esto es quizás uno de los aspectos más difíciles de la Lucha No Violenta, al no responder agresivamente frente a unos cuerpos de seguridad que están creados y diseñados para ejercer la violencia. Con esto no quiero decir que la oposición tiene métodos violentos para conseguir sus objetivos, no obstante, en el momento en que una piedra es lanzada contra un guardia o policía, los cuerpos de control público se escudan bajo el argumento de la agresión física para ejercer la represión.

3) La falta de unidad. Puede ser que este punto era el que más desarrollado estaba con respecto a los anteriores, y tiene su explicación en los esfuerzos por actuar en conjunto desde hace años. Ahora bien, que se tenga en algún grado unión no significa que estuviesen todos los actores unidos en busca del mismo objetivo. Los actores políticos no necesariamente actuaban en conjunto en pro del restablecimiento de la democracia.

4) Las comunicaciones. Al no haber una centralización en las comunicaciones  en ocasiones había desencuentros entre los actores. Esto ponía a flote la improvisación de las actividades.

 

Estos errores que acabamos de describir ponían en jaque la continuidad del movimiento, puesto que afectaban en los tres elementos indispensables para el éxito: unidad, disciplina y estrategia. ¿Estaba el proceso destinado al fracaso? Se podría argumentar que sí, la ausencia de esos tres factores desde el inicio se convertiría tarde o temprano en un fracaso. Dados los resultados, habría que preguntarse  ¿debemos plantearnos otro tipo de lucha? A esto argumentaría que no. Que el Movimiento No Violento fuese un fracaso esta vez no indica que siempre lo será. Sin embargo, incursionar en la Lucha No Violenta no es algo que se decreta, su éxito depende enormemente del trabajo de organización previo, de disciplina en las filas, de estrategia y unidad. Sin ello, cualquier nuevo intento tendrá el mismo destino que el recientemente vivido.

Rodrigo Gil

imagen cortesía de Horacio Siciliano