“Entrevista imaginaria con El Libertador V” por Jimeno Hernández

¿Cuanto tiempo permaneció usted en Venezuela? ¿A que dedicó sus días aquí?

-Mi visita duró seis meses y en aquellos días todo el mundo solicitaba audiencia conmigo… Yo estaba empeñado en mandar una expedición a las Antillas Mayores, Puerto Rico y Cuba… Los españoles poseían las mejores Antillas y estas, especialmente la isla de Cuba, se habían convertido en el sitio de reunión de todos quienes habían emigrado del continente por no querer avenirse al nuevo orden de las cosas… El asentamiento de los realistas en aquellas dos islas representaba un peligro… Eran los últimos bastiones de los españoles en estas tierras… Liberar aquellos territorios del yugo de la corona era la única manera de evitarnos otra invasión… El peor de mis temores era que, en un futuro no muy lejano, la tragedia llegara al continente por vía de alguna de esas dos islas.-

 Que razón tenía usted Libertador.

-¿A que se refiere con eso?-

 Nada, nada, por favor continúe usted el relato Su Excelencia. Lo menos que deseaba era interrumpir sus pensamientos.

 -¡Si a esos bellacos les gustaba tanto el orden impuesto por España que se terminarán de ir a la península!… Ya se rumoreaba que la corona planeaba otra excursión de 10.000 hombres bajo el mando de Morillo y Morales para invadir Colombia… Por eso mandé a pedir unos barcos a Cartagena y levantar una expedición de 6.000 hombres para liberar Puerto Rico y Cuba… Únicamente así podíamos evitarle problemas a la integridad de las nuevas Repúblicas del Sur.-

 ¿Y que dijo la gente al enterarse de aquel plan?

El primero en conocer mis propósitos fue el General José Antonio Páez y pareció entender la importancia de la liberación de las Antillas Mayores, pero no estaba dispuesto a comandarla… Lo supe cuando le asomé la idea en una de nuestras conversaciones en privado y lo vi directamente a los ojos… No me dijo nada en aquel momento… Igual salió de Caracas en dirección a Valencia y luego a los llanos con el objetivo de levantar soldados para esta nueva campaña.

 Mientras tanto, en Bogotá, el Vicepresidente Santander trabajaba duro en aumentar su partido y desacreditar mis últimos actos… Dedicaba la mayoría de su tiempo a pronunciar discursos y escribir artículos en los periódicos… En todos estos realizaba comentarios infames sobre mi conducta y cuestionaba los decretos que había dictado desde el momento que puse pie en el Departamento de Venezuela… Decía que yo me había puesto sobre las leyes de la República al absolver al General Páez… Que era imposible planear una campaña para liberar Las Antillas cuando las arcas de la República aún se encontraban diezmadas por mi campaña del Perú.

 -¿Y que sucedió con aquella incursión a las islas?-

Pasaban los días y los barcos que había solicitado de Cartagena no llegaban a La Guaira… Tampoco aparecían los llaneros de Páez… La demora de ambos me hizo sospechar que la expedición no se daría… Así lo entendí ante la sospechosa demora del General Páez en reunir fuerzas… Lo había visto alzar un ejército con un chasquido de sus dedos y, sin la necesidad de pronunciar un pomposo discurso, convencer a sus hombres de formar parte de las más desquiciadas acciones militares.

 Al igual que aquella vez cuando nos encontrábamos en la orilla sur del Apure a principio de febrero de 1818, necesitábamos barcos para trasladar nuestros hombres y bestias con el objetivo de afincar la presión sobre las tropas realistas al otro lado de las aguas… Esta vez no había que cruzar un río y tomar un par de flecheras… Ahora se trataba de embarcar a los llaneros y sus bestias con el objetivo que atravesaran el mar caribe, en temporada de tormentas, para tomar fortalezas bien dotadas de artillería.

 Sin su coraje, naturales dotes de estratega o el arrojo de sus llaneros no hubiera sido posible la victoria en Carabobo el 24 de junio de 1821 y la liberación de Venezuela… Después de aquella batalla el remanente de las tropas realistas se encuarteló en el Castillo de Puerto Cabello, plaza que perdí y no pude retomar en 1812… Una década después de mi primer fracaso militar, aún pensaba que recapturar esa fortificación era faena imposible… Páez la sitió en septiembre de 1823 y, la noche del 7 de noviembre, mientras unas lanchas que tenía en Borburata simulaban un ataque por un lado de la fortaleza… Él y doscientos de sus hombres tardaron cuatro horas en cruzar un denso manglar que daba hacia el otro lado del Castillo y lograron tomar la plaza en combate cuerpo a cuerpo.

No había mejor candidato que el General Páez para liderar la acción de las Antillas Mayores y así terminar de barrer a los realistas de una vez por todas del continente americano… No contaba con el hecho que las naves o soldados jamás llegaran al puerto de La Guaira… El Vicepresidente Santander impidió el despacho de los barcos y los soldados de Páez le tenían pánico al mar y a la idea de embarcarse en semejante travesía, más si el “Taita” no los acompañaba… La expedición para liberar Puerto Rico y Cuba jamás zarpó.

Libertador le ruego excuse mi impertinencia, sé cuanto le desagradan las interrupciones, pero me gustaría hacerle otra pregunta.

-Bueno hombre pregunte usted de una buena vez que ya me ha interrumpido… ¿No le parece más práctico formular preguntas breves en vez de andar mareando la perdiz?… ¿Qué diablos es lo que desea preguntarme ahora?-

Disculpe Su Excelencia, tiene usted toda la razón. ¿No le parece que eso de planear una campaña hacia las Antillas Mayores, dirigida por el General Páez al mando de sus llaneros y con barcos de Cartagena era un proyecto demasiado ambicioso? ¿Y más tomando en cuenta que Santander levantaba apoyo en su contra, escaseaban los soldados y las arcas de la República se encontraban en la ruina tras su campaña del Perú?

-Como ya os había dicho antes, todos pensaban que había perdido el juicio… ¡Maldita sea!… ¡Locos se habían vuelto ellos!… Alimentaban mi ego al decir que yo era el más grande de la época y el Universo… Y a los muy condenados no les temblaba el pulso al momento de saludarme, sonreír, estrechar mi mano, expresar sus respetos u obsequiarme halagos de todo tipo… Aquello no era más que una farsa y puro teatro, estaban hartos de mí y decían todo tipo de barbaridades a mis espaldas… No hay gente más zalamera y venenosa que los habitantes de estas tierras, que os los afirmo yo que he visitado muchos lugares en mi vida… El Generalísimo Francisco de Miranda tenía razón al decir lo que dijo la noche que lo hice prisionero, aquí solo sabemos hacer bochinche.

Me encontraba contra la espada y la pared… Tenía que regresar a Bogotá cuanto antes… Colombia se empezaba a desmoronar frente a mi vista… Fue por ello que, el martes 19 de junio publiqué la siguiente proclama:

 “Colombianos:

Vuestros enemigos amenazan la destrucción de Colombia. Mi deber es salvarla. Catorce años ha que estoy a vuestra cabeza por la voluntad casi unánime del pueblo. En todos los períodos de la gloria y prosperidad para la República, he renunciado al mando supremo con la más pura sinceridad: nada he deseado tanto como desprenderme de la fuerza pública, instrumento de la tiranía que aborrezco más que a la misma ignominia. Pero ¿Deberé yo abandonaros en la hora del peligro? ¿Será la conducta de un soldado y un ciudadano?

 ¡No Colombianos! Estoy dispuesto a arrostrarlo todo porque la anarquía no reemplace a la libertad.

Como ciudadano, Libertador y Presidente mi deber me impone la gloriosa necesidad de sacrificarme por vosotros. Marcho pues, hasta los confines meridionales de la República a exponer mi vida y mi gloria por libraros de los pérfidos, que después de haber hollado sus deberes más sagrados, han enarbolado el estandarte de la traición para invadir los departamentos más leales y más dignos de su protección.

Colombianos: La voluntad nacional está oprimida por los nuevos pretorianos que se han encargado de dictar la ley al soberano que debieran obedecer. Ellos se han arrogado el derecho supremo de la Nación, han violado todos los principios. En fin, las tropas que fueron colombianas, auxiliares al Perú, han vuelto a su patria a establecer un gobierno nuevo y extraño sobre los despojos de la República que ultrajan con mayor baldón que nuestros antiguos opresores.

Yo apelo a vuestra gloria y vuestro patriotismo, reuníos en torno del pabellón nacional que ha marchado en triunfo desde las bocas del Orinoco hasta las cimas del Potosí. Queredlo, y la Nación salvará su libertad y pondrá en plena independencia a la voluntad nacional para que decida sobre sus destinos.

La Gran Convención es el grito de Colombia, es su más urgente necesidad. El Congreso la convocará sin duda y en sus manos depondré el bastón y la espada que la República me ha dado, ya como Presidente Constitucional, ya como autoridad suprema extraordinaria que el pueblo me ha confiado. Yo no burlaré las esperanzas de la Patria. Libertad, gloria y leyes habías obtenido contra nuestros antiguos enemigos: Libertad, gloria y leyes, conservaremos a despecho de la monstruosa anarquía.”-

 ¿Y en qué consistía esa “Gran Convención”?

 -La Constitución de Cúcuta de 1821 contemplaba que, al momento en que más de dos terceras partes de ambas cámaras votaran a favor de ello, se podía reformar el texto constitucional, siempre y cuando no se alterara el “Titulo I, Sección Primera”.-

¿Y qué establecía el Titulo I, Sección Primera?

-Que la Nación colombiana es para siempre e irrevocablemente libre de la monarquía española y de cualquier otra potencia o dominación extranjera; y no es, ni será nunca patrimonio de ninguna familia ni persona… ¿Va usted a seguir interrumpiendo o quiere que le termine de explicar sobre la Gran Convención?-

Disculpe Su Excelencia, por favor continúe su relato.

-Al momento en que se promulgó la Constitución de Cúcuta en 1821, como la Constitución de Perú en 1824, manifesté expresamente mi inconformidad con los principios contenidos en estos textos por considerarlos faltos de verdaderas vinculaciones con las realidades americanas. Había llegado el momento de reformar la Constitución de Colombia y por ello promulgué aquella proclama… Deseaba que el Congreso de Colombia, órgano representativo sobre el cual recae la verdadera soberanía del pueblo, decidiera sobre los destinos de la Nación.-

 ¿Y como veía usted el panorama en aquel momento tan crítico?

Santander sería reelegido a la Vicepresidencia y mi renuncia a la más Alta Magistratura seguramente rechazada… No podía continuar gobernando junto a él… No después de las sucias mentiras, calumnias y viles intrigas que tejió en mi contra para inducir a los miembros del Congreso a cerrar filas con él, extirparme del afecto de la gente y exponerme como traidor a la Patria… Les dijo que vendí las libertades que con tanto esfuerzo habíamos conseguido, que deseaba acabaría con la religión establecida poniéndonos bajo el yugo de una potencia protestante y, lo que es peor, gobernada por un Príncipe… Que sacrificaría diecisiete años de   libertad, nuestra constitución y las leyes al instaurar la Constitución Boliviana para Colombia… Que aspiraba la Presidencia vitalicia e instaurar un régimen monárquico… Que nada deseaba más que convertirme en el Napoleón americano… ¡Por los mil diablos!… ¡El verdadero traidor era ese vástago de meretriz!… ¡Maldito Cucuteño!

Terminará…