“Entrevista imaginaria con El Libertador IV” por Jimeno Hernándáez

-Decidí picarle adelante a Páez y el 1 de enero de 1827, tres días antes de encontrarme con él en Bárbula, publiqué un decreto mediante el cual establecía que nadie podía ser perseguido en Venezuela por actos u opiniones relacionados con la actitud asumida por el General Páez ante la acusación en su contra que había admitido el Senado de Colombia… También decreté que el General en Jefe José Antonio Páez quedaría ejerciendo la autoridad civil y militar bajo el nombre de Jefe Superior de Venezuela.-

 ¿Y porqué hizo usted aquello?

-Se cazan más moscas con miel que con excremento hijo mío… Ya que no sabía si se negaba a leer mis cartas, decidí hacer públicos mis palabras para que estas, de alguna manera u otra, llegaran a sus oídos… Estaba seguro que aquel gesto haría que el llanero recuperara los cabales-

 ¿Y luego que sucedió Libertador?

-El General Páez acepto mi autoridad como Presidente de Colombia, dejó de ser un insubordinado y se apegó a la Constitución y las leyes de la República, entonces decidí escribir a Bogotá y exonerarlo de sus responsabilidades… Ordené que no se le enjuiciara… Eso desató la ira de el Vicepresidente Francisco de Paula Santander, quien quería que lo sometiera por las armas y se lo enviara encadenado a Bogotá… Que necio.

 El asunto era bastante complicado. Si Páez se iba a la capital a presentarse al juicio, dejaría Venezuela desguarnecida y los españoles podrían acelerar sus planes de lanzar una invasión. Y si no se presentaba ante la Corte la Nación se hundiría en la anarquía… La única manera de evitar un desastre fue tomar aquella medida.-

 ¿Cómo fue su viaje de regreso hacia Caracas?

-Cabalgué hacia Valencia junto a Páez y luego nos dirigimos a Caracas, él me acompañó todo el camino… Al entrar a los bellos valles de Aragua no pude evitar que se agolparan en mi mente los recuerdos de mi infancia y adolescencia, mezclados con alguna que otra ingrata memoria de mis fracaso contra las fuerzas del Rey… En lo horrible que fueron los años de la guerra, especialmente cuando vivía José Tomás Boves… Ese hombre era un verdadero demonio.

 A mediados de junio de 1814 desató su furia contra Valencia… Obstruyó los suministros de agua a la ciudad y empotró sus cañones en el tope de una colina para disparar, día y noche, contra sus tejados… Los heridos colmaban el hospital, se acaban los suministros y los cadáveres se acumulaban rápidamente, además empezaba a caer la gente enferma por la pestilencia de los muertos… Dos semanas bastaron para que los valencianos se rindieran y propusieran un dialogo en aras de pactar la paz con los realistas.-

 ¿Y que sucedió?

 -A los notables de Valencia no se les ocurrió mejor idea que organizar un banquete en su honor… El asturiano se presentó al agasajo en sus mejores fachas y se condujo como todo un caballero… Después de comer y beber opíparamente decidió levantarse de la silla, brindar por la salud de sus anfitriones y solicitó a los músicos en la sala que comenzaran el baile al son de un “piquirico”, su ritmo predilecto… En lo que estalló el sonido del arpa, el charrasqueado de las bandolas y las maracas, ordenó a sus esbirros que mataran a los hombres a machetazos e hicieran lo que les diera la gana con las mujeres.

 Tras enterarme de la masacre en el baile de Valencia, conocer la paz que ofrecía Boves y saber que se encontraba camino hacia Caracas, decidí abandonar la plaza temiendo por mi vida.-

 ¿Y entonces?

 -El terror se desató en la ciudad… El 6 de julio di la orden de la retirada de Caracas… Al mando de mis escasos 1.200 soldados nos enfilamos en dirección a Oriente, nos siguieron unas 20.000 almas en la más triste de las procesiones… Vi a demasiados desplomarse en el camino a causa de la sed o el hambre… Las lluvias no cesaban y muchos se enfermaron o sufrieron caídas… Los primeros en fallecer o quedarse atrás fueron los ancianos… Vi como sus familiares se despedían de ellos y los iban dejando atrás sin remordimiento, como no pensaban en más que escapar con sus hijos a la “Furia de Dios”… Todos los días se iban quedando atrás muchos para morir de mengua o a mano de las huestes salvajes de aquel monstruo.

 Tres semanas duró aquella penosa marcha… Primero Guarenas, luego Guatire y Araira durante los primeros días… De allí en adelante nos esperó un largo camino por la costa hasta Barcelona, lugar al que llegamos el día 27 de julio… Más de 12.000 personas se habían quedado atrás… Quienes no fueron victimas de la fatiga o la enfermedad, sucumbieron ante la inclemencia de los elementos o sufrieron mordeduras de serpientes, ataques de jaguares y hasta de caimanes de la costa… Al llegar allí fueron muchos quienes, espantados por tanto horror, optaron por embarcarse hacía las Antillas o dirigirse hacia el sur y refugiarse en los llanos para escaparse a la barbarie de la guerra… La huida no terminó en Barcelona pues, ante la incapacidad para defender aquella plaza, decidí dirigirme en dirección a Cumaná, donde me esperaba Santiago Mariño al mando de sus tropas.

 ¿Y allí se enfrentaron a los realistas?

 –No… Mariño y yo abordamos una goleta rumbo a Carúpano y luego a Margarita… Allí nos embarcamos en un navío más grande para zarpar en dirección a Cartagena de Indias, de allí a Jamaica y luego a Haití… La “Segunda República”, al igual que la primera, terminaba con una de mis famosas retiradas… Tan solo deseaba salvar la vida y fuimos muy pocos quienes lo logramos en aquella ocasión… Bendita sea la lanza que acabó con la vida de ese animal en Urica… Su muerte cambió los destinos de la guerra… José Tomás Boves, la emigración a Oriente, la pérdida de Barcelona y la huida a Cartagena y las Antillas fueron los peores recuerdos que invadieron mi mente en el camino de regreso a mi ciudad natal.-

 ¿Y cómo fue su llegada a Caracas?

– Llegamos a Caracas el miércoles 10 de enero de 1827 a eso de las dos y media de la tarde… La ciudad estaba vestida de sus mejores galas para recibirnos al son de tambores y trompetas… Había arcos de triunfo decorados de laurel y palma entretejidas con rosas cada cincuenta yardas… El General Páez y yo, vestidos en nuestros mejores uniformes de campaña y luciendo charreteras doradas, entramos en un carruaje tirado por dos caballos… Ventanas y balcones se veían repletos de bellas damas en sus más alegres y ricas ropas que nos lanzaban flores de todas clases y colores… La gente gritaba ¡Viva Bolívar!… ¡Viva Páez!… ¡Viva Colombia!… Lanzaban cohetes y disparaban sus armas al aire… Aquello fue apoteósico.-

 ¿Como vivió usted aquel recibimiento?

 –Mantuve un semblante solemne pero afable… Me inclinaba ante todos y, de vez en cuando, me quitaba el tricornio para saludar… La procesión terminó en la Catedral donde se cantó un “Te Deum”… Luego nos fuimos a pie, con la misma pompa y entusiasmo, hasta la Sala de la Alta Corte, donde, a las siete en punto, nos tenían preparada una esplendida cena… Él y yo no sentamos del mismo lado a la cabecera de una larga mesa… Se hicieron varios brindis patrióticos y se pronunciaron discursos en nuestro honor… La mayor armonía y un sentimiento de unión parecían animarnos a todos aquella noche.

 Casi al final de la recepción entró un grupo de jóvenes damas vestidas de ninfas llevando unas banderas, algunas de naciones y otras con palabras, a mi me entregaron algunas… Una que llevaba la palabra “Valor” se la obsequié al General Páez y le dije frente a los presentes: “Más de una vez ha sido usted el Libertador de este país, nadie más que usted merece esta bandera”… Todos en el salón estallaron en aplausos después de aquel gesto.

 Las celebraciones duraron hasta las nueve y, rodeados aún de gente emocionada, decidimos irnos caminando a la casa… Las calles estaban iluminadas, estallaban petardos, fuegos artificiales y se escuchaban vivas… Aquel día me colmó de felicidad por mi bienvenida y el poder reencontrarme con mis seres queridos… Durante ocho días se extendieron los festejos y uno de ellos, una cena en mi honor que realizó la Municipalidad el sábado 13 para ser preciso, terminó con los asistentes coreando:

¡Bolívar!… ¡Bolívar!… ¡Inmortal Bolívar!… ¡Libertador!… ¡El más grande de la época y el Universo!

Continuará…