“Entrevista imaginaria con el Libertador” por Jimeno Hernández

Domingo, 24 de Julio de 2017.

Uno de los grandes problemas culturales y filosóficos que afectan la mentalidad del venezolano es que admira la figura del caudillo, un hombre arrecho nacido de los grandes conflictos políticos que, con un sable en la mano y al mando de una horda, se erige como Jefe Supremo de la República.

Muchos parecen estar de acuerdo en que el principal culpable de todo este fenómeno del caudillismo es Simón Bolívar, o “El Libertador”, como todos lo conocemos. El héroe que decidió revelarse contra la corona y cuyo ejemplo y prestigio jamás será superado por su excelencia.

Se le glorifica diciendo que era miembro de una familia perteneciente a la más rancia aristocracia caraqueña, renunció a sus riquezas y murió arruinado, con camisa prestada, en la quinta San Pedro Alejandrino en Santa Marta gracias a sus sacrificios por la causa emancipadora.

-Aquello no es verdad… Yo no me fui a la tumba en la ruina, eso es un mito absurdo…Si bien es cierto que mi fortuna al momento inicial de la contienda independentista era superior a la que poseía al instante de mi muerte, cuando expiré mi último aliento el 17 de diciembre de 1830, aún poseía riquezas… Si dudáis de mis palabras preguntadle a mi sobrino Fernando o mi hermana María Antonia… Ellos podrían testificar que tenía bienes de fortuna como: 677 onzas de oro; una vajilla del mismo metal de 95 piezas; otra de platino con 38 y una tercera de plata martillada de 200… También tenía 37 baúles: 36 llenos de ropa y uno que contenía 35 medallas de oro, 471 de plata y un juego de 95 cubiertos y cuchillos de oro… Además contaba con una pensión vitalicia que me había otorgado el Congreso Constituyente de Colombia de 30.000 pesos anuales… Eso sin contar mis posesiones de las minas de Aroa…Crea usted cuando le digo que arruinado no me marché al otro mundo.-

Eso no cambia el hecho que se le atribuya la culpa sobre este proceso histórico del caudillismo. Después de todo, fue usted el primer caudillo de por estos lados.

-Eso es absolutamente falso, muchos hombres se erigieron como caudillos en estas tierras antes que lo hiciera yo… Juan Francisco de León, un canario que fundó la población de Panaquire y era agricultor de cacao, se alzó al mando de una horda de negros, pardos y zambos contra el monopolio de la Compañía Guipuzcoana en 1748… José Leonardo Chirinos, un zambo hijo de esclavos, lideró una revuelta que buscaba la abolición de la esclavitud y la creación de una República en 1795… Y en 1812, un año antes que se me otorgara el titulo de “Libertador”, un asturiano, rubio y de ojos azules, llamado José Tomás Boves arrastró una horda de llaneros de piel oscura al grito de: ¡Muerte a los blancos!…Yo no fui el primero.-

 ¿Y Francisco de Miranda?

-A Miranda no se le puede llamar caudillo pues jamás empujó masas… Era un personaje extraño y más europeo que criollo, un anciano “afrancesado, nariz parada y uña en el rabo, que lo veía a uno de la cabeza hasta los pies con menosprecio… Tenía modales distintos a los nuestros, lucía una larga cabellera blanca que amarraba en una coleta, se maquillaba y llevaba un aro dorado como adorno en el oído… Parecía mas señora que señor con semejantes atavíos…Además se rumoreaba que su propósito era liberarnos de los españoles para subyugarnos a los ingleses…Él nunca tuvo mando en Venezuela, así lo demostró el fracaso de la Primera República.-

Son muchos quienes alegan que usted le tenía celos al “Generalísimo”. Que por ello, después de la caída de “La Primera República” ocasionada por la pérdida del Castillo de San Felipe de Puerto Cabello, plaza que usted defendía y abandonó, decidió prenderlo la madrugada del 1 de agosto de 1812 para entregarlo a las autoridades de la corona a cambio de un pasaporte a Curazao.

-¿Osáis llamarme envidioso, cobarde y traidor?-

No Libertador, únicamente me remito a los hechos de la historia.

-Como os he dicho antes, Miranda parecía ser más mercenario de otros reinos del viejo continente que vasallo de la causa de la libertad… Tras mi derrota en Puerto Cabello decidió firmar una capitulación de paz con Domingo de Monteverde… Entonces preparó sus baúles y, con el dinero de la Tesorería, se dirigió a La Guaira con el objetivo de escaparse del país… El muy condenado se hubiera salido con la suya de no ser por sus caprichos…En contra de las recomendaciones del capitán del “Saphire”, navío que habría de conducirlo a Trinidad, decidió pernoctar en la residencia del Gobernador Manuel María de las Casas en vez de abordar el barco y zarpar a oscuras.-  

 ¿Y que sucedió después?

-El Gobernador formaba parte del complot, fue él quien convenció al “Generalísimo” de pasar la noche en su residencia y partir con las primeras luces del día… A eso de las tres de la mañana entré a la casa acompañado de varios hombres para hacerlo preso… Y él, de lo más tranquilo y pedante, se tardó casi dos horas en salir de su recámara pues debía lavarse, peinarse, vestir su uniforme de General de la Revolución Francesa, empolvarse y bañarse en agua de colonia para la ocasión… Tuve que mandar a su edecán Carlos Soublette a apurarlo como cinco veces y este volvía siempre con la misma respuesta: “El Generalísimo Francisco de Miranda os manda a decir que un caballero nunca se apura”… Cuando fuimos a buscarlo en su alcoba y nos encontrábamos a punto de tumbar la puerta finalmente decidió mostrar la cara.-

 ¿Y qué dijo el Generalísimo al momento de su aprehensión?

-C´est toujours la même merde, la logistique de la merde. Vous êtes plus que des coprophages.-

 ¿Y eso que significa?

-Algo así como: Bochinche…bochinche…Ustedes no saben hacer más que bochinche.-

 No me mienta Libertador, eso en verdad significa: Siempre la misma mier…

-¡Carajo!… ni se atreva usted a traducir semejante vulgaridad al castellano y excúsese con el lector por su francés.

Le recuerdo que el primero que habló en francés entre nosotros fue Su Excelencia.

-Eso fue por que citaba al petulante Francisco de Miranda… Ha interrumpido usted el hilo de mis pensamientos… ¿Dónde nos encontrábamos?-

Cuando el Generalísimo le dijo: “Todos los días el mismo bochinche, la logística del bochinche, ustedes solo se alimentan del bochinche y eso los hace unos bochincheros”.

-¡Cierto!… Entonces procedimos a colocarle las esposas y lo condujimos al fortín de La Guaira, donde permaneció seis meses encerrado antes de ser enviado a Puerto Cabello y, después de la sentencia de La Real Audiencia de Caracas, fue a dar a la prisión de la Carraca en Cádiz, donde murió el 14 de julio de 1816.-

 ¿Y gracias a la entrega de Miranda al General Monteverde obtuvo usted un pasaporte firmado por las autoridades de la corona para huir de Venezuela?

-Eso es verdad… En aquel momento temía por mi vida y tan solo quería salvar el pellejo pues el pescuezo no retoña. Prometí a las autoridades de la península no volver a inmiscuirme en asuntos públicos y logré escapar con vida para continuar la empresa de la emancipación. Aquella era la única manera de salvarme…Tomé una decisión y no me arrepiento de ella…Usted hubiera hecho lo mismo que yo de haberse encontrado en mis botas.-

Es posible Libertador, pero yo no soy el entrevistado. ¿Entonces considera que no traicionó a Francisco de Miranda?

 -De no haberlo entregado me hubiera sido imposible escapar a las Antillas y continuar en la lucha por la Libertad… Nadie traiciona a nadie cuando se trata de escoger entre pudrirse en una mazmorra, ir al cadalso o continuar viviendo… Yo no soy un traidor… Si no hubiera tomado semejante decisión el curso de la historia sería distinto y no habría logrado las glorias que hoy se me atribuyen… ¿Alguna otra pregunta Don preguntón?-

Debo decir que tengo bastantes Libertador, pocas veces tiene uno la oportunidad de interpelar a un personaje tan célebre como usted.

¿Cómo fue su regreso a Venezuela después de cinco años de ausencia?

-A finales de diciembre de 1826 me encontraba en la ciudad de Coro, primera capital de Venezuela. Iba camino de Caracas y deseaba audiencia con el General José Antonio Páez, el “Héroe de Carabobo”, a quien había nombrado Jefe Militar del Departamento de Venezuela antes de mi partida a la Nueva Granada… El llanero gobernaba rodeado de una camarilla del circulo Valenciano que no comulgaba con la Constitución de Cúcuta y el Gobierno de Colombia.-

 ¿Y como se sentía usted en aquel entonces?

-Había saboreado las mieles de la gloria en los campos de batalla y los salones más fastuosos de estas tierras, me sobraban las mujeres, la República del altiplano llevaba mi nombre y en Lima me trataron como un rey… Coronaron mi cabeza con laureles y me obsequiaron una espada de plata, oro y piedras preciosas… Los domingos en la Catedral distraía los ojos que debían estar posados sobre la cruz y generaba murmullos en la casa de Dios…El sacerdote tenía que aclarar su garganta y subir el tono de voz para silenciarlos… Y luego, cuando hablaba de Jesucristo Nuestro Señor, tenía los santos cojones de mirarme directamente a los ojos y echarle más leña a la candela… Yo, Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios, el Libertador, era el cóndor que reinaba en los cielos de la cúspide de Los Andes, un Dios que vivía entre los hombres y rompió las cadenas de la corona española… O por lo menos me creí ese rosario de tonterías hasta el momento en que volví a poner pie en Venezuela.-

 ¿Por qué?

-Tuve una epifanía mientras observaba los últimos colores del ocaso aquella tarde en la Vela… En los delirios de mi epopeya había olvidado el terruño y este hizo lo mismo conmigo. Por primera vez en mi vida me sentí débil y estaba seguro que no era a causa de esa tosecita vainosa que venía arrastrando desde Pativilca… Aquel sería el primer presagio de mi triste y cruel destino… Cuando desapareció de mi vista la luz del sol, me di cuenta que tan solo era un simple mortal y el final de mis días estaba cada día más cerca.-

Continuara…