“Carta de un exiliado al Presidente de la República” por Jimeno Hernández.

El General andino Maclobio Prato es uno de los varios centenares de personas que el Presidente del Estado Táchira, Eustoquio Gómez, ha expulsado a tierras colombianas. Tanto él como sus familiares han sido vilmente perseguidos y sus propiedades saqueadas y expropiadas por el régimen gomecista.

A finales del año 1924 Prato se encuentra en la ciudad de Barranquilla, la puerta de oro de Colombia. Desde allí, el 12 de noviembre, le escribe una carta al General Juan Vicente Gómez, Presidente de los Estados Unidos de Venezuela. Esta misiva tiene por objeto formular una queja sobre el cónsul venezolano en la hermana república y tratar otros curiosos temas.

La carta va acompañada de un recorte de un periódico bogotano llamado “La Nación” en el que se hace referencia al vergonzoso comportamiento del cónsul venezolano en tierras colombianas.

Esto es para que se de cuenta de la manera que se está representando su Gobierno por ese pobre cónsul, que yo estoy seguro que si usted lo conociera personalmente, no lo tendría desempeñando ese puesto.

No crea que tengo ningún interés en que lo quite de su puesto porque le tenga yo buena o mala voluntad, pues el pobre no merece ninguna de las dos cosas. Ya que no puedo vivir en mi querida Patria, deseo que su representación en el exterior, aunque la encarne un servil de su Gobierno, tenga la suficiente capacidad para representar dignamente al país y no desacreditarlo con estas nulidades.

Cumplo con informarle que, cada vez que salgo a la calle, los colombianos me hacen la misma pregunta: -¿No tendrá el Gobierno de Venezuela otra clase de hombres para que desempeñen estos puestos?-

Una vez finalizada la queja contra el cónsul, Prato aprovecha la ocasión para soltar la pluma y tratar otros temas de importancia con el General Gómez.

No me cansaré de decirle que usted cometió una gran injusticia permitiendo que su primo Eustoquio se cogiera mis intereses, echándome la familia puerta afuera sin causa justificada. Yo lo reto a usted y a Eustoquio para que digan la causa de mi persecución y cual es el motivo que yo he dado.

Usted dice que es el protector de los hombres honrados y trabajadores. Yo soy uno de esos hombres y se lo probé cuando la reacción, que fui a Caracas. Usted me ofreció la Jefatura de Tovar y le dije que yo no iba a pedirle destinos ni plata, que yo no le pedía sino garantías y que administrara justicia, y que si yo era uno de los malos elementos, empezara por mi. ¿Ha tratado usted un hombre que le hable con mayor franqueza? Creo que no.

Luego de reprocharle al dictador la injusticia de su persecución y exilio, la carta de Prato se pone realmente picante.

En el Táchira no se hablaba sino de matar a Eustoquio, y yo duré tres años oponiéndome en lo que podía, no por cariño a Eustoquio, sino por las consecuencias y porque matar a uno de ustedes, que son tantos, no sería sino empeorar la situación. No por eso dejaran de matarlo el día que puedan, pues Jesucristo dijo: “Con la vara que midas serás medido”. Todo el mundo decía que su hermano Juan Crisóstomo era muy bueno, y usted vio como lo cosieron a puñaladas en su propio lecho en Miraflores. El día de morirse uno se muere, aunque lo tengan en una caja de hierro.

El Dr. Francia, tirano del Paraguay, era un hombre tan malo y su gente le tenía tanto miedo, que murió en su lecho, sin que nadie lo matara, y tenía tres días de muerto, sin que nadie se atreviera a acercarse a su alcoba, y relevaban la guardia hasta que por la hediondez comprendieron que ya se estaba pudriendo aquel bandido.

En fin, dejemos la historia y pasemos a otra cosa. Como mi propósito es quedarme en el destierro, dígame si me quiere comprar mi finca de Paramillo que tiene Eustoquio en su poder, bien para que le haga un regalo al mismo Eustoquio, ya que tanto le ha gustado, o para regalársela a uno de sus parientes o amigos. Yo le perdonaría, como cristiano que soy, todos mis sufrimientos.

Me quedo en Colombia para que mis hijos no pasen por las que me ha tocado pasar a mi. Los que vengan después de ustedes serán tan malos o peores que usted.

 

                                                   General Maclobio Prato.