Jimeno Hernández: ¡Que caigan las estatuas!

Los ojos del caudillo ausente observan los callejones de la capital con arisca mirada, como un símbolo de advertencia para que nadie se atreva a lanzar la primera piedra en contra de su afamada revolución, no mientras él se encuentra residenciado en la ciudad de la luz.

En el año 1877 Venezuela vive el apogeo político del General Antonio Guzmán Blanco. En la Caracas parisina se han levantado dos estatuas como tributo a la grandeza y vanidad del “Ilustre Americano”, una ecuestre de más de dos toneladas de bronce ubicada en el boulevard entre el Capitolio y la Universidad, la otra, pedestre y más grande, se impone sobre la ciudad al tope del cerro El Calvario. La ciudadanía, en tono de burla, las ha bautizado como “El Saludante” y “El Manganzón”.

La mañana del 26 de octubre de 1889, más de una década después de la inauguración de los monigotes y durante la presidencia del Dr. Juan Pablo Rojas Paul, un grupo de ciudadanos, temiendo el regreso del tirano al país, se congrega en la Plaza Bolívar en una manifestación de repudio al “Guzmancismo”. Antes del mediodía, la multitud reboza la cuadra y colma el espacio entre el Capitolio y la Universidad.

El Gobernador del Distrito ha designado al General Giuseppe Monagas como jefe de un contingente de soldados y lo encarga de velar por el orden público durante la jornada de protesta, misión que parece de imposible ejecución cuando la masa empieza a corear:

-¡Que viva la libertad!…¡Muerte al tirano!…¡Abajo con las estatuas de Guzmán Blanco!-

Monagas no se atreve a dar la orden de fuego pues en su mente retumba una de las frases más célebres del Libertador: -Maldito sea el soldado que empuña el arma en contra de su pueblo.- Al General no le queda otra opción que observar en perplejo mutismo como alguien enlaza al “Saludante” por el pescuezo y muchos le echan mano a la soga para templarla, jinete y caballo se bambolean, y después de un par de minutos, caen por tierra estruendosamente.

El ruido se escucha en toda la ciudad y la gente comienza a preguntar que está sucediendo. El chisme circula con rapidez y los caraqueños, tras enterarse de lo acontecido y deseosos de ser testigos de este momento histórico, abandonan sus quehaceres diarios para unirse a la turba. Aún queda en pie la estatua del Calvario y hacia allá se enfilan más de dos mil almas sin represión alguna por parte de las fuerzas públicas.

La masa escala el cerro y caen varios mecates sobre el cuerpo del “Manganzón”. En menos de un cuarto de hora la imagen del caudillo se encuentra en el piso, es reducida a pedazos y sus despojos tirados por las calles de Caracas. La emoción de la muchedumbre la lleva a derribar una tercera estatua ubicada en la plaza “El Venezolano”, la de Antonio Leocadio Guzmán, padre del dictador y fundador del Partido Liberal Amarillo.

La prensa no demora en plasmar su opinión sobre los hechos de tan célebre fecha y esa misma tarde, entre las páginas de LA GUILLOTINA, Miguel Eduardo Pardo escribe lo siguiente: -Hoy el pueblo soberano reunido en la Plaza San Francisco se dispuso a tumbar el vergonzoso muñeco que se erguía como una blasfemia ante el Capitolio. No hubo que los detuviera; ni los consejos de los ancianos; ni la presencia de la Guardia Municipal; ni el temor de muchos que allí suplicaban a los valientes jóvenes que se detuvieran. Enseguida corrieron al Calvario y se desahogaron pisoteando al “coloso pigmeo” que estuvo impasible levantado por tantos años sobre las colinas más bellas de Caracas.-

En LA POLÍTICA Gustavo Terrero Atienza informa: -Esta vez el furor del pueblo ha llevado a destruir por completo las estatuas, han sido divididas y arrastradas por las calles.-

 En EL COMBATE dice Eduardo O’Brien: -¡El guante está arrojado! Las estatuas han caído de sus pedestales entre las hurras del pueblo y los gritos de triunfo de la juventud.-

Rómulo Guardia publica en LA LIBERTAD: -¡La justicia nacional se ha cumplido! ¡Gloria al gobierno de Juan Pablo Rojas Paul que ha sabido respetar el sentimiento público!-

EL DESPERTAR de Luis Correa Flinter anuncia: –Trascendental acontecimiento: Las estatuas de Guzmán, que simbolizaban la tiranía y la abyección de un pueblo, han caído de manera satisfactoria para la República, para la altiva juventud de Caracas y el Gobierno que nos rige. La conducta de la autoridad y esta arrojada acción de los jóvenes universitarios merecen aplauso franco y espontáneo de toda la nación. Lo acontecido hoy en Caracas es prueba patente que nunca se luchó en vano por la libertad de los pueblos.-