Jimeno Hernández: Abajo cadenas.

La maniobra política de convocar una Asamblea Constituyente Comunal suena más a tertulia de paramilitares que a una solución viable a la crisis latente en Venezuela. Tan solo un mes de protestas bastó para que el tirano, entre la espada y la pared, firmara el decreto que termina de aventarlo por el barranco labrado por la pala de su propia majadería.

Nicolás Maduro, el torpe y atolondrado fantoche que baila al son de la conga cubana, decidió jugarse la última carta que le quedaba en la mano. En un intento desesperado por ganar tiempo y perpetuarse, no se le ha ocurrido mejor idea que asesinar la Constitución de 1999, la hija preciada del tieso cantor del Cuartel de la Montaña, o “la más perfecta del mundo” como este solía llamarla hasta el último de sus días.

Parece una estrategia de quimérica ejecución, claramente organizada en cónclave por el pajarito, el burro y las vacas, de la cual no se puede esperar otro escenario distinto a la anarquía pues uno pía, otro rebuzna y el resto muge. Esta “Solución Final” de la “Prostituyente” no le garantiza la reelección al cargo y sin el aval de la masa votante pasaría a convertirse en letra muerta.

Semejante atrocidad termina de revelar, ante los ojos del mundo, aquello que nosotros los venezolanos ya sabíamos desde hacía rato, la manifiesta inconstitucionalidad de la dictadura Castrocomunista. Esta “salida” que propone el gobierno a la crisis únicamente promete, al igual que las teorías del Socialismo del Siglo XXI predicadas por su difunto padre, desastrosos chascos y escenarios de anarquía.

Hoy se cosechan los frutos de más de una década bajo el servilismo de los poderes públicos; el adoctrinamiento de la FANB; la llegada del G2 cubano; la entrega de armas de guerra a los colectivos; las expropiaciones; la regulación de precios; el control de cambio; la deplorable administración de PDVSA; el ataque sistemático en contra del sector privado; las violaciones a los derechos humanos y la censura de los medios de comunicación. Todo esto se ha traducido en la tragedia de la cual somos víctimas.

Los estragos de la política del chavismo pueden ser vistos a lo largo y ancho de todo el territorio. En la Venezuela de hoy no existe Estado de Derecho o Libertad de Prensa, el Ejército se encuentra doblegado ante la voluntad del caudillo y los colectivos actúan de manera impune como la guardia pretoriana que defiende un régimen narco terrorista.

PDVSA está fundida; las empresas “recuperadas” se encuentran paradas y quebradas; las fincas expropiadas sin ganado o cultivo; los campos baldíos y las arcas nacionales en la ruina.  Todo gracias a un hoyo negro de corrupción en el cual han desaparecido más de un billón de dólares que fueron asignados a empresas de maletín para la importaciones. Las divisas del petróleo, además de servir de regalo para los compinches y parásitos de la región, también fueron utilizadas para los guisos que de manera metódica destruyeron el aparato productivo del país.

Mientras tanto los ciudadanos intentamos sobrevivir a una triste pesadilla en la que el bolívar fuerte es cada vez más débil y la inflación se come el sueldo del trabajador. Diariamente hay que hacer largas colas en los mercados, abastos y farmacias para comprar lo poco que se consigue e ingeniárselas a ver como se estiran los reales. A muchos se les hace imposible poner el pan de cada día en la mesa y todos hemos visto con impotencia a un ser querido fenecer ante una enfermedad por falta de medicamentos. Lo más doloroso es escuchar sobre madres que abandonan a sus hijos porque no pueden alimentarlos o gente hurgando las pipotes de basura para conseguir comida.

La feroz represión, los detenidos y los muertos en las protestas de los últimos días muestran la cara más fea del terror. Quizás en tiempos pasados estas medidas hubieran enfriado los ánimos de los manifestantes, pero esta vez la sociedad civil se encuentra determinada a rescatar la democracia y acabar con la barbarie de la opresión. El reloj ha marcado la hora de gritar “abajo cadenas” y es nuestro deber liberar a Venezuela de esta malaventura.

El anuncio de una constituyente sin previa consulta popular concluye con un triste capítulo de nuestra historia, ese que bautizaron con el nombre de la V República. Que Dios nos acompañe y nos ilumine en este nuevo trillo.

La Revolución Bolivariana ha sido el más calamitoso, agreste, humillante y trágico camino hacia el pasado. Ahora queda de nosotros velar porque nuestro futuro sea mejor que este tortuoso presente.

-¡Si Maduro vive…la lucha sigue!-