Jimeno Hernández: La Gran Crisis de Marzo III “El aguacero”

El día de la escaramuza en “La Cortada del Guayabo” Crespo ve, desde lo alto de una colina, como se disgrega su Ejército Legalista y cada columna, desobedeciendo sus órdenes directas, sigue a los jefes regionales en una vergonzosa retirada.

La revolución ha recibido un duro golpe y la primera reacción del caudillo es redactar una carta dirigida al Gobierno en la que propone su inmediata rendición. El camorrero, que hasta hace pocos días no aceptaba transacción y únicamente reconocía la autoridad engendrada por su alzamiento, ahora solicita garantías al Presidente Guillermo Tell Villegas.

Es el Doctor y General Juan Pietri quien lo hace despertar del estupor de la derrota y abandonar la idea de doblegarse. Este lo convence de romper la misiva y le asegura que la victoria será suya más temprano que tarde, solo debe ofrecer resistencia y esperar el desfallecimiento de las fuerzas del gobierno.

Entonces los Legalistas recogen el campamento en “La Cortada del Guayabo” y se dividen en tres cuerpos. Uno, liderado por los Generales Martín Vegas, Leoncio Quintana y Wenceslao Casado, se retira a los valles del Tuy; otro, bajo las órdenes del General Ramón Guerra, se dirige hacia los valles de Aragua; y Joaquín Crespo se traslada con los suyos hacia San Juan de los Morros.

Desde el mes de junio hasta el mes de octubre de 1892, la guerra puede definirse como un equilibrio entre las debilidades de ambos bandos. Las fuerzas del gobierno intentan sofocar la rebelión y los rebeldes pretenden derrocar al régimen, pero ninguno de los dos bandos parece tener una ventaja clara para lograr el éxito definitivo de sus empresas.

Lento pasa el tiempo pero las llamas de la conflagración van extendiéndose por todo el país y las guerrillas de la causa legalista van ganando terreno en el mapa. Velutini, Ducharne, Vallenilla, Ortega y Bianchi conquistan Oriente; Crespo es dueño de los llanos; Ramón Guerra controla Aragua; y José Manuel Hernández domina la Guayana.

Mientras todo esto sucede en el interior, el Presidente Villegas se empeña en lograr una solución pacifica a la crisis política. Su plan es convocar al Congreso Nacional, entregar el Poder Ejecutivo y que las Cámaras procedan a elegir un nuevo Presidente de la República. No anda descaminado Villegas en su maniobra, la fórmula de unas elecciones por voto de las Cámaras y el reconocimiento de Crespo del candidato victorioso es receta que también hace eco entre las filas del Comando Revolucionario.

El desorden nacional alcanza su cumbre cuando desembarca en La Guaira el General Eleazar Urdaneta y se autoproclama Jefe Supremo de la “Liga de Occidente”, unión conformada por los Estados Zulia, Los Andes, Lara y Falcón que se declara independiente del yugo del Gobierno y la Revolución.

A mediados de agosto Crespo se apunta una victoria en Villa de Cura y decide marchar sobre Valencia, ciudad a la que entra triunfante la tarde del 17. Dos días después toma Puerto Cabello y su posición se convierte en el hecho que promete final a los días de anarquía e ingobernabilidad.

El Presidente Villegas decide abandonar el cargo y se embarca en La Guaira hacia el exilio junto a los Generales Mendoza y Monagas. El Poder Ejecutivo queda en manos de Guillermo Tell Villegas Pulido, sobrino del Presidente fugado y uno de los pocos integrantes del Consejo Federal de Gobierno que opta por no abandonar la plaza.

El General José Ignacio Pulido, valiente soldado de los tiempos de la Guerra Federal y también tío del nuevo Presidente de la República, es quien se encarga de organizar la resistencia para evitar la toma de Caracas. Este ordena montar un cordón humano en “Las Puertas Morochas” y “Boquerón”, dos sitios en el camino desde Los Teques hacia la Capital. Allí se enfrentan las fuerzas de la Revolución contra las del Gobierno la madrugada del 4 de octubre.

La tarde del 5 comienzan a entrar a la ciudad pequeños contingentes de soldados heridos, se trata de los restos y andrajos de la milicia del General Pulido que corren la voz del triunfo de la Legalista. Con las primeras luces del 6, el Presidente Villegas Pulido y el General Pulido se embarcan también al exilio.

La algarabía de los caraqueños es total y no existe fuerza pública capaz de contener las pasiones de la multitud. Al son de gritos, aplausos e improperios la masa le prende candela a la sede del periódico “La Opinión Pública”. Luego asalta las residencias de los ex presidentes Andueza y Villegas, así como también las de varios personeros del gobierno derrocado. Sus casas son destrozadas y, afuera de estas, arden inmensas fogatas de cuadros, libros, alfombras y muebles.

Todo está listo para que el General Joaquín Crespo haga su entrada triunfal a Caracas esa misma tarde. Es la naturaleza la que le niega la apoteosis cuando a las tres de la tarde, un par de horas antes de su llegada, oscurece el cielo y estalla un violento aguacero. El chaparrón apaga las piras y los ánimos de la gente, hace que el Guaire abandone su cauce y se produzcan derrumbes.

El héroe de la Legalista hace su entrada al son de rayos y truenos, nadie sale a recibirlo en una ciudad que parece abandonada y castigada por un desastre natural.

-Mal augurio- piensa el llanero