Jimeno Hernández: Un horrendo crimen en Miraflores

La madrugada del 30 de junio del año 1923, los criados del Palacio de Miraflores se extrañan que el General Juan Crisóstomo Gómez, hermano del dictador, Gobernador del Distrito Federal y Primer Vicepresidente de la República, no haya abandonado su habitación a la hora acostumbrada.

Don Juancho se levanta todas las mañanas a las cinco y, mientras suenan las campanas de la catedral llamando a la santa misa, él sale aseado y uniformado de su cuarto para dirigirse a la cocina por una taza de café. Hoy extrañamente ha quebrado la rutina y lleva más de una hora de retraso, por esto deciden visitar sus aposentos a ver si se encuentra bien.

Tocan la puerta tres veces pero no obtienen respuesta. Al intentar abrirla se percatan que se encuentra cerrada con llave, entonces deciden forzarla para averiguar que es lo que le sucede al General que no responde.

El primero en ser informado de los hechos es Eloy “El Indio” Tarazona, el criado de más confianza del General Juan Vicente Gómez. Él es quien prueba las comidas y el agua del Benemérito para ver si están envenenadas, él debe ser el primero en enterarse y el que le cuente al General lo que le ha sucedido a su querido hermano en Miraflores.

Tarazona entra al pasillo del Palacio con revólver en el cinto y un largo sable brillante, pulido y amolado en mano. La visión del temido Indio interrumpe los murmullos temblorosos e impone el silencio en una larga fila de soldados y domésticos que aguardan su presencia. La palidez de sus rostros y las expresiones serias le revelan aquello que aún no ha visto con sus propios ojos. En el acto se percata que Don Juancho ha muerto, pero jamás pudo imaginarse lo que se encontraba a punto de ver.

-¿Qué ha sucedido aquí?- pregunta a todos aquellos que lo esperan en las afueras del cuarto de Don Juancho. Y antes que alguien pueda responderle percibe el fétido aroma a sangre coagulada que reina en el ambiente, entonces el Indio desenvaina el revólver y rápidamente pasa a la recámara.

 Lo que se encuentra al cruzar el umbral es un espectáculo dantesco. La cama se encuentra en desorden y las almohadas, sábanas y cobijas tintas de sangre. Sobre estas reposa, panza arriba, semidesnudo, con ojos abiertos viendo el techo y el gesto de terror petrificado en su rostro, el cuerpo pálido e inerte del General Juancho Gómez. Alguien ha burlado la guardia de Miraflores y lo ha asesinado.

 Tarazona abre las cortinas, chequea tras el biombo y bajo la cama pues el asesino podría aún encontrarse en el lugar. Una vez que ha verificado que no hay nadie en el cuarto del occiso, procede a observar detenidamente la escena del crimen.

 El cadáver de Don Juancho tiene los brazos extendidos como Cristo, en su pecho y estomago pueden contarse más de veinticinco puñaladas. También se pueden ver hondas mutilaciones en las muñecas y garganta, estas parecen ser más frescas que las puñaladas, como si el asesino hubiese querido cerciorarse que el Gobernador de Caracas y Primer Vicepresidente de la República no sobreviviera al ataque.

-Hay que avisar ahora mismo al General Gómez lo que ha sucedido-

A tropel apura el Indio su paso por los amplios corredores de Miraflores y mientras camina va pensando. Tan solo con haber visto el cuerpo sabe que el asesinato no es obra de una persona. Don Juancho era del tipo alto y fornido, la fuerza de un solo hombre no hubiera bastado para doblegarlo. Las heridas en su pecho y estomago son de dos tamaños distintos, hecho que evidencia la utilización de dos armas blancas en el homicidio, parece improbable que una sola persona, blandiendo un cuchillo en cada mano, sea el responsable de este horrendo crimen.

Menos probable parece ser el hecho que un extraño se haya podido colar desapercibido dentro de un Palacio atestado de garitas, rondines, guardias y centinelas. Además no se cree ese cuento que nadie haya visto movimiento extraño en los pasillos o escuchado un forcejeo, o el quejido doliente del moribundo mientras las dagas se hundían, una y otra vez, en su cuerpo.

La sangre completamente oscura y coagulada, las costras alrededor de las heridas y la fetidez en el ambiente indican que Don Juancho lleva muerto como unas tres o cuatro horas. Todo esto le pasa por la cabeza del Indio Tarazona hasta que llega a darle la noticia al General Juan Vicente Gómez.

-¡Mi General, han matado a Juanchito! ¡Está muerto mi General, lo mataron anoche a puñaladas en su cama de Miraflores!-

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