Jimeno Hernández: El inútil del General.

El General Federalista Francisco Alvarado Arellano, nativo de San José de los Llanos en Táchira, se dirige por primera vez a la ciudad de Caracas. El andino desea conocer la capital y cobrar una deuda pendiente.

El cambio de los paisajes durante el largo camino a caballo despierta su imaginación. Grandes son sus aspiraciones como General de la Revolución vencedora, ha gastado 1.500 pesos de su propio bolsillo en la empresa de la Guerra Federal y espera que estos le sean pagados con sumas creces.

En Caracas lo recibe Antonio Guzmán Blanco en su despacho y le reconoce tan solo 60 pesos de la deuda acumulada. El General caraqueño, Comandante en Jefe de los Ejércitos Federales en la Región Central, se niega a revisar su caso y le manifiesta que únicamente el Mariscal Juan Crisóstomo Falcón, Presidente de la República, puede ordenar el pago completo de la deuda.

Desorientado, sin amigos y sin moneda, decide viajar a Valencia para esperar allí a Falcón, quien esta por regresar de Coro y va camino de Caracas. Alvarado sabe que el Mariscal le tiene miedo al mar y prefiere hacer sus viajes por tierra que embarcado.

Al llegar a Valencia ya se ha gastado más de los 60 pesos que le ha dado Guzmán Blanco en Caracas, pero allá sus egresos son menos cuantiosos y puede emboscar a Juan Crisóstomo Falcón pues la necesidad lo obliga a visitarlo sin previo aviso.

Permanece ocho días en la ciudad disfrutando de los espectáculos públicos. Hay animación en las calles pues los reales de un empréstito ya están circulando y se utilizan para las vanaglorias de la Revolución. Los escasos recursos de Alvarado se van agotando rápidamente hasta que, por fin, llega la hora ansiada y hace su entrada a Valencia el Mariscal Falcón.

El General Alvarado no conoce personalmente al “Gran Ciudadano”, pero sabe que tiene fama proverbial de ser magnánimo y generoso. Después de tanto tiempo de campañas y angustias, el andino tiene esperanzas de ser recompensado por sus servicios a la causa federal.

La llegada del Presidente de la República a Valencia es un verdadero espectáculo. Una semana entera duran las fiestas de su recepción y una vez terminadas las celebraciones decide Alvarado pagarle una visita a Falcón, quien se encuentra hospedado en la residencia del Presidente de Estado, el General José María Lugo.

No tiene a nadie quien lo presente al Mariscal y no puede dejar que pase más tiempo, entonces procede a abordar la cuestión con audacia. Se viste con su uniforme de General y se dirige con ánimo resuelto a casa de Lugo. Entra a la morada y observa que Falcón se encuentra reunido con dos sujetos, un militar y un sacerdote. Se acerca a ellos y, después de saludarlos respetuosamente, se presenta:

-Mucho gusto Señor General, mi nombre es Francisco Alvarado, soy un joven que ha prestado sus servicios en el Ejército Federal del Sur, bajo las órdenes del General Pedro Manuel Rojas.-

Al mencionar el nombre de Rojas, Falcón pone atención como el venado cuando para las orejas.

-He cabalgado desde Barinas y como sabía que usted pasaría por aquí en su camino a Caracas, decidí esperarlo en esta ciudad para tener el placer de conocerlo personalmente y ofrecerle la inutilidad de mis servicios.-

El Mariscal le da las gracias con ademán severo.

-Como usted no sabe quién soy yo, le he traído el expediente de mis servicios, espero tenga la bondad de ver este legajo para que sepa lo que se me debe.-

A Falcón inmediatamente le cambia el semblante y se le cruzan las cejas, abandona su silla en un gesto violento y amenazante para gritarle:

-¡Carajo! No sea usted tan atrevido ¿Cómo se atreve a venir a hablarme de eso aquí y ahora? Salga de esta casa en el acto o lo mando a arrestar y fusilar ahora mismo por insolente.

Alvarado sale de allí con paso presuroso, avergonzado por el insulto con el que lo han despedido y con los oídos aún zumbando por los gritos del “Gran Ciudadano”. Llega abatido a la sucia pensión donde se hospeda y decide guardar silencio sobre lo sucedido.

Si el magnánimo y generoso Mariscal Falcón, Jefe Supremo de la Revolución, a quien tanto se encomia como justo, lo ha tratado de esta manera ¿Qué tanto se puede esperar del proceso que lidera?

Ya pronto quedará sin recursos, en un medio extraño y sin relaciones para poder solicitar una colocación. Ese uniforme que carga puesto, es mala recomendación para buscar empleo. La gente lo juzga y lo odia por sus hábitos de guerrero, tiene todos los vicios de quienes han vivido años de constantes hostilidades, corrupción, saqueos y extorciones.

Alvarado no sabe hacer otra cosa que no sea la guerra y pronto se dará cuenta que no hay nada más inútil en tiempos de paz que un soldado.