Jimeno Hernández: El Bloqueo IV

Mr. Herbert Wolcott Bowen, embajador de los Estados Unidos en Venezuela, no tarda en acumular fama como uno de los principales protagonistas de estos turbulentos días del bloqueo.

Este diplomático ha tomado bajo su protección a los ciudadanos alemanes e ingleses detenidos durante las primeras horas de esta crisis internacional. Y después de la protesta formulada por el Canciller Argentino Luis María Drago al gobierno norteamericano, se ha convertido en el único vocero y representante de los intereses extranjeros en la República Tropical.

En cada esquina, plaza o salón de Caracas en la cual decide hacer acto de presencia Mr. H.W. Bowen, la gente se le acerca, estrecha su mano y le comenta:

-Viva la Doctrina Monroe. América es para los americanos.-

La mañana del 7 enero de 1903, casi un mes después del ataque sobre La Guaira y el inicio del bloqueo, el Presidente de Venezuela, General Cipriano Castro, cita al embajador H.W Bowen al Palacio de Miraflores. El dictador andino le solicita al gobierno de los E.E.U.U. que se dé inicio formalmente, en la ciudad de Washington, a una mesa de diálogo y negociación con un consejo de las naciones reclamantes.

A Castro, después de semejante susto, no le queda otra salida al problema que proponer la intervención del “hermano mayor”. A veces es mejor un mal arreglo que un buen peo, todo sea por dar fin a los cañonazos, el bloqueo y la escasez.

Sobre este diplomático norteamericano pesa la enorme responsabilidad de lograr un cese al fuego y que se levante la medida del “Blockade”. Para ello debe estructurar un plan de pago a la deuda, uno que complazca las pretensiones de los Imperios Europeos y que el gobierno del General Cipriano Castro sea capaz de cumplir.

Entonces hacia Washington se embarca Mr. H.W. Bowen a cumplir lo que sería la misión más importante de su vida y carrera diplomática. Seguramente jamás le pasó por la cabeza la idea que le tocaría ser el hombre llamado por la Divina Providencia para mantener la paz en el continente americano, no después que lo enviaran de embajador a un pobre y olvidado país del Caribe llamado Venezuela.

Largas horas de reuniones, trabajo e insomnio lo esperan en la capital de los Estados Unidos pues a la lista de acreedores de Venezuela, además de Alemania, Inglaterra e Italia, se le han sumado también las naciones de Francia, Bélgica, Holanda, España y México.

Mr. H.W. Bowen le comunica al consejo de representantes de los países reclamantes la única condición del General Cipriano Castro. Esta es que las deudas a cancelar sean divididas en dos grupos, las anteriores y posteriores al día 23 de mayo de 1899, fecha en que estalló la “Revolución Liberal Restauradora” que lo llevó a la Presidencia de la República.

Una vez aceptada la condición del General Cipriano Castro por las naciones reclamantes, procedió Mr. H.W Bowen a negociar fórmula de pago para estas dos deudas por separado.

En cuanto a las deudas anteriores al 23 de mayo de 1999, esas contraídas por los gobiernos del Liberalismo Amarillo, se les realizará un abono sustancial de manera inmediata y el resto será cancelado en cuatro cuotas. A Inglaterra, Estado que reclama el monto de 1.718.815 Bs., se le cancelará la cantidad de 137.500 Bs. Esa misma cifra y plan de pago reciben Alemania e Italia.

En caso que Venezuela deje de cumplir con alguna de las cuatro cuotas, estas girarán sobre las entradas de Aduanas de La Guaira y Puerto Cabello, cuya administración quedará en manos de funcionarios belgas hasta la extinción de la deuda.

En cuanto al pago de las otras obligaciones, esas contraídas en el intervalo entre el 23 de mayo de 1899 y el 9 de diciembre de 1902, la fórmula es distinta. Los funcionarios belgas encargados de administrar los ingresos de La Guaira y Puerto Cabello destinarán el 30% de las entradas mensuales de estos puertos al abono periódico de la deuda.

Cualquier conflicto que surgiere por la distribución de este mencionado 30% entre los países reclamantes deberá ser resuelto en Tribunal Permanente de Arbitraje de La Haya.

Tanto el gobierno de Venezuela como los de las naciones involucradas en el conflicto aceptan las condiciones de pago. Entonces la tarde del 13 de febrero del año 1903, después de 66 días de haberse iniciado el “Blockade”, las partes estampan sus respectivas rúbricas en el acuerdo y se declara el levantamiento del bloqueo.

Este acuerdo se conoce en la historiografía documental venezolana como “Los Protocolos de Washington.”

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