Jimeno Hernández: El Bloqueo III

El apoyo de los venezolanos al Presidente Cipriano Castro durante la crisis del bloqueo de las Potencias es un fenómeno impresionante. El final de su alocución sobre la planta insolente del extranjero, por alocada y relancina que suene, no tarda en dar frutos.

Venezolanos:

 El sol de Carabobo vuelve a iluminar los horizontes de la Patria y de sus resplandores surgirán temeridades como las de las Queseras del Medio, sacrificio como el de Ricaurte, asombros como el del Pantano de Vargas, heroísmo como el de Ribas y héroes como los que forman la constelación de nuestra grande epopeya. Hoy por una feliz coincidencia conmemoramos la fecha clásica de la gran batalla decisiva de la Libertad Sudamericana, la batalla de Ayacucho, hagamos votos porque nuevos Sucres vengan a ilustrar las gloriosas páginas de nuestra historia Patria.

La mañana del 10 de diciembre no paran de llegar, al despacho de correos del Palacio de Gobierno, torres de cartas y telegramas enviados desde distintos rincones del país. Sus emisores le hacen saber al General que confían en su genio y poderoso brazo para proteger los derechos de Venezuela contra la rapacidad de los Imperios Europeos.

No basta el halago o la muestra de fidelidad y adhesión. También se ponen a las ordenes del Presidente con el noble y tonto propósito de dejarse el pellejo en defensa de la República.

Desde Puerto Cabello escribe Simón Ysla: –Como soldado venezolano me es grato, en estos momentos, ofrecerle mis servicios y los de mi hijo a la Patria.-.

A esa le sigue una de un tal Sr. Henríquez de Valencia: -Al igual que mis tres hijos, estoy a sus ordenes para la defensa del honor nacional.-

 La más curiosa de todas está firmada por el Sr. Guillermo Ruch, Jefe político de un pequeño pueblito de inmigrantes alemanes ubicado en las montañas de Aragua. Esta dice lo siguiente: -Obligado a pagar con creces la hospitalidad que le debemos a Venezuela, ofrezco a usted, suficientemente autorizado, la cooperación de toda la Colonia Tovar.-

Juntas Patrióticas se reúnen, de manera espontánea, en los puertos bloqueados y le solicitan armas a las autoridades militares para defender la República contra la agresión extranjera.

Como si tanta locura no fuera suficiente, de las cárceles salen en libertad prominentes Jefes Revolucionarios. Enemigos encarnizados del caudillo tachirense de la talla de los generales José Manuel “El Mocho” Hernández, Juan Pietri, Diego Colina y Antonio Paredes, no titubean al momento de unirse a las filas de la resistencia nacional y servir bajo su mando.

Con todo y eso Cipriano Castro queda corto. Su majestad el Kaiser Guillermo II de Alemania y su majestad el rey Eduardo VII de Inglaterra iluminan las navidades venezolanas con el fuego de sus cañones y poco puede hacer el andino al respecto.

El tema del bloqueo aparece en artículos y editoriales de periódicos nacionales e internacionales. Por primera vez en mucho tiempo, quizás desde los años de la Guerra de Independencia, el nombre de la diminuta e insignificante Venezuela vuelve a ser titular de primera plana en prestigiosas gacetas del viejo continente.

Tan vil y desproporcionado ataque se convierte en todo un escándalo. Se producen protestas en las ciudades de Bogotá, Quito y Buenos Aires, pero las cancillerías de las naciones hispanoamericanas se limitan a emitir mensajes de solidaridad que no pasan a ser más que tinta y papel.

Únicamente se pronuncia el gobierno del General Julio Roca en Argentina. El 29 de diciembre, tres semanas después del ataque a La Guaira y el inicio del bloqueo de las costas venezolanas, este hace escuchar su voz en la capital de Los Estados Unidos mediante una protesta diplomática redactada por el Jurista y Canciller Luis María Drago.

En esta invoca el cumplimiento de la “Doctrina Monroe”, esa que establece que cualquier intervención de las naciones europeas en territorio americano será considerada como una agresión y justifica la intervención del gobierno de los E.E.U.U. en el asunto.

El Canciller Drago argumenta, de manera brillante y utilizando principios jurídicos, que: –No basta el hecho que se garantice que la no anexión de territorios americanos para que se considere salvado el principio que excluye la intervención de naciones europeas en el continente americano que establece la Doctrina Monroe.-

Gracias a la oportuna protesta diplomática de Argentina y los argumentos de Luis María Drago, el Presidente Norteamericano Theodore Roosevelt decide que su gobierno fungirá de mediador al conflicto suscitado entre los reinos europeos y Venezuela.

Fue así como la soberanía venezolana, obligada por la fuerza de los cañones europeos, dio a parar en la ciudad de Washington.