Jimeno Hernández: Sobre los delirios de grandeza y los planes del Golpe de Estado

La crisis política que hoy experimenta el país tiene consternado al Presidente de la República. El Partido de Gobierno empieza a fracturarse en distintas facciones ante la ausencia de su fundador y muchos de los antiguos compañeros ahora le muestran la espalda.

El heredero del poder no parece convencer a nadie. La opinión generalizada es que carece de autoridad, carisma y leyenda guerrera, se ha mostrado incapaz de mover masas o intereses económicos y son pocos los militares que lo toman en serio. A él no le queda otra que observar en silencio como se alborota el avispero y pensar que sería un milagro llegar al término de su período constitucional sin el ala protectora de quien lo ha designado a la más alta Magistratura.

Corre el año 1888 y el General Joaquín Crespo se encuentra en la isla de Trinidad, a pocas millas de las costas orientales. Su cercanía representa una amenaza que ocasiona insomnio y preocupación al Presidente Juan Pablo Rojas Paúl pues, según le informan sus espías, el “Tigre de Santa Inés” planea invadir el territorio con el objetivo de tumbarlo y cuenta con tropas, embarcaciones y un moderno arsenal de fusiles y cañones fabricados en Europa.

El General Antonio Guzmán Blanco sigue con atención las últimas noticias que le llegan desde la lejana República del trópico y distintas latitudes. Cada mañana, en un lujoso despacho de la mansión número 43 de la Rue Copernic en París, lo espera sobre su escritorio una torre de cartas, rotativos y telegramas. Mientras toma su desayuno favorito, “ croissant au chocolat avec café au lait”, pasea sus ojos con detenimiento por cada uno de los papeles.

Trinidad, 13 de abril de 1888

Ilustre Americano.

General Guzmán Blanco etc. etc. etc.

París.

 

Mi querido amigo:

 

Mi última es del 30 de marzo y confirmo su contenido.

 

Hasta la fecha nada definitivo de Caracas. Las últimas noticias que tengo de la Capital alcanzan al 6 de este mes en que me avisa recibo por telégrafo el Señor General López de los telegramas por usted remitidos el 28 de marzo en vapor de Liverpool.

 

Continúa pues la expectativa que ya me parece demasiado larga y de la cual tratan de sacar partido los enemigos, que miran como un triunfo para ellos la no reunión del Congreso Nacional.

 

He comunicado al Gobierno todas las noticias que he juzgado de importancia, y le he llamado seriamente la atención hacia Guayana que será el primer punto del que tratarán de adueñarse los enemigos en el caso que se vayan a la guerra, por serles fácil desde allí la invasión del Guárico y la conmoción del Estado Bermúdez. El Gobierno ha tomado algunas medidas previsivas con respecto a Guayana; y francamente, no me inspira confianza el Estado del Oriente con Carrera en Caracas, ya para dos meses.  

 

También he llamado la atención del Gobierno hacia Coro y Barquisimeto, en virtud de informes obtenidos por conversaciones muy íntimas de José Antonio Velutini y Juan Francisco Castillo con algunos de sus amigos de aquí.

 

No me atrevo a aventurar ningún juicio sobre el definitivo desenlace de los sucesos; pero es lo cierto que la expectativa comienza a sembrar el desaliento en el ánimo de algunos amigos.

 

Desde anteayer inició su campaña el “Port of Spain Gazette” contra usted, el General López y el Dr. Rojas Paúl. Como el artículo reviste además un carácter agresivo contra la par de Venezuela, he creído de mi deber comunicarlo al Gobierno de la Colonia, siquiera sea en el cumplimiento de mis deberes oficiales como Cónsul. Entre las páginas de los periódicos “Public Opinion” y “El Venezolano” se hará la debida defensa.

 

Ciprianí ha estado muy enfermo pero ya ha mejorado. Él responde desde las costas de Güiria; y aún cuando no han faltado intentonas de Velutini para ganárselo, se estrellarán contra la lealtad y buena fe de aquel.

 

En Urica están las cosas muy mal; y así lo he avisado al Gobierno. El General Pulgar continúa en Caracas en perfecta inteligencia con el Dr. Rojas Paúl.

 

El “Centenario” pasó para el Estado Bolívar sin novedades. El General Ildefonso Silva, Jefe de la guarnición, llevó cincuenta hombres de tropa y el vapor se estacionó allí a las ordenes del General Muñoz Tébar.

 

En una recorrida que daba el “Reivindicador”, con Espíritu Santo Morales a bordo, se varó en Pedernales y rompió el timón; hace tres días que está aquí haciéndole una ligera reparación que le permita continuar su viaje al componerse, al parecer zarpará mañana por la noche.

 

Mañana volveré a escribir a usted.

 

Su afectísimo amigo.

Federico Fortique.

Las tentaciones del enemigo malo embriagan al Ilustre Americano con delirios de grandeza que no hacen más que alimentar su megalomanía. La República se hunde en un caos generado por su ausencia y suena, una vez más, el tambor de la guerra. De  estallar un conflicto armado entre los hombres de Crespo y las tropas del gobierno, su retorno sería lo único que podría devolver la paz a Venezuela.

Entonces imagina el apoteosis de una nueva entrada triunfal a Caracas y en su cabeza comienzan a sonar los aplausos y gritos de la ciudadanía que lo vuelve a llamar “El Aclamado de los Pueblos”.