Jimeno Hernández: Bolívar ha muerto

La noticia del fallecimiento del Libertador llega a la ciudad Caracas la mañana del viernes 4 de febrero de 1831, más de mes y medio después su muerte en la quinta San Pedro Alejandrino cerca de las costas de Santa Marta. Los eventos de aquel día y el siguiente son narrados en el diario de Sir Robert Ker Porter, enviado diplomático de la corona británica para Venezuela.

 

Viernes 4 de febrero.

De Valencia nos llega la noticia que el General Bolívar murió cerca de Santa Marta el 13 de diciembre pasado. La información llega de forma muy detallada, y si es cierta, en cuestión de días tendremos confirmación. En la ciudad no se habla más que de esto.

 

Sábado 5 de febrero.

El informe de la muerte de Bolívar es creído por unos y negado por otros. Los de la escuela reformista creen, pero los del sistema central, no. Yo lo creo firmemente. No tenemos noticias oficiales, pero lo siguiente es lo que ha sido publicado en uno de los periódicos de Caracas, y está escrito en un idioma menos insultante y mezquino del que usan estas gentes comúnmente, y también con menos sentimientos de ingratitud que de costumbre muestran, hacia el hombre que, ciertamente les dio existencia como pueblo, y los libertó, gracias a su habilidad y perseverancia, del yugo del opresor:

 

Periódico EL FANAL, “La Muerte de Bolívar”, de la pluma del Sr. Tomás Lander.

Por medio de una persona de confianza llegada de Valencia, se ha sabido que el Gobierno ha recibido informes oficiales de Maracaibo, que dan parte de la muerte del General Simón Bolívar el 13 de diciembre último; que hizo testamento el día 10 y en este ordena que su cadáver sea embalsamado y enterrado en Caracas. Que su espada deberá ser entregada a la familia del General José Antonio Sucre y sus medallas sean enviadas a la República de Bolivia, y que sus propiedades, después de descontar cuarenta mil dólares que le debe a un comerciante de Cartagena, se dividan entre sus hermanas María Antonia y Juana Bolívar.

 

He aquí la última proclama del Libertador y fundador de la República de Colombia:

 

Colombianos: Habéis presenciado mis esfuerzos para plantar la libertad donde reinaba antes la tiranía. He trabajado con desinterés, abandonado mi fortuna y tranquilidad. Me separé del mando cuando me persuadí que desconfiabais de mi desprendimiento. Mis enemigos abusaron de vuestra credulidad y hollaron lo que me es más sagrado, mi reputación y mi amor a la libertad. He sido victima de mis perseguidores, quienes me han conducido hacia la puerta del sepulcro. Yo los perdono.

 

Al desaparecer de en medio de vosotros, mi cariño me dice que debo hacer la manifestación de mis últimos deseos. No aspiro otra gloria que la consolidación de Colombia. Todos debéis trabajar por el bien inestimable de la Unión: Los pueblos obedeciendo al actual Gobierno para libertarse de la anarquía; los Ministros del Santuario dirigiendo sus oraciones al Cielo; y los militares empleando su espada en defender las garantías sociales.

 

¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria.

 

Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la Unión yo bajaré tranquilo al sepulcro.”

 

Desde que leí lo que antecede, las noticias han resultado ciertas. Un buque ha anclado en La Guaira y ha traído cartas para el general Carabaño firmadas por el general Ibarra, quien actualmente se encuentra en la isla de Curaçao. Bolívar murió el 17 y no el 13 de diciembre, y para confirmar la verdad, Ibarra también envió la alocución del 17 del general Montilla a las tropas de Santa Marta en la que señala a Bolívar como su Libertador y padre político.

 

 Así murió un héroe, y su muerte ha sido grandemente acelerada por la conducta de sus camaradas jefes en el poder. Pero, en mi opinión, ya había llenado el destino que le había señalado la Providencia como Libertador de su país. Un año más de vida le hubiera convertido en su esclavizador, pues a pesar de todos sus talentos y patriotismo, creo plenamente que cada año futuro de su existencia en Colombia hubiera sido marcado por la guerra civil, la rebelión y la sangre y, en última instancia, por el distanciamiento del objetivo que perseguía, es decir, la consolidación del país.

 

Actualmente no puede aplicarse a Colombia un sistema de gobierno central. No posee elementos para ello, y aún menos para uno que tenga la forma monárquica. Dividido y luego unido, es el único sistema que promete prosperidad al país, tanto en lo abstracto como lo completo. Y cuando digo unido, quiero decir solo por tratado, sin vínculos federales, y si por fin fuera este el destino del país, tengo la seguridad que los resultados demostrarían la verdad.