Jimeno Hernández: Crespo quiere la presidencia por la fuerza

 

Don Joaquín Crespo aspira volver a la Presidencia desde el mismo instante en que se la devuelve al General Guzmán Blanco cuando éste entra a Caracas aclamado por el pueblo en agosto de 1886. A petición del “Ilustre Americano” el Congreso Nacional le ha otorgado el título “Héroe del Deber Cumplido”, entonces piensa el llanero que honor de tal calibre es garantía suficiente para volver a ejercer la más alta magistratura al finalizar el bienio del compadre Antonio.

Ha sido testigo de cómo Guzmán Blanco se ha concentrado en mantener al margen las pretensiones presidenciales de distintos caudillos federalistas, convenciéndoles que ninguno era apto para alternar el ejercicio de la magistratura con él. Ha visto y escuchado como les dice gentilmente que para ser Presidente de Los Estados Unidos de Venezuela se necesita mucho más que valor en el campo de batalla y amparo de la buena estrella, teoría que el General Crespo ha comprobado no ser del todo cierta.

Al igual que él, Francisco Linares Alcántara no había pasado por las aulas de la Universidad y tampoco hablaba francés. Tan solo eran hombres de armas, pero ambos lograron gobernar sin mucho problema en tiempos de ausencia del “Ilustre Americano” y el mundo no colapsó sobre sus cabezas. Además, el caudillo llanero sabe que esa idea de manejar los hilos de la política venezolana desde la calle “Le Perouse” en París, con el Océano Atlántico de por medio, es absurda y se encuentra destinada al fracaso.

Puede que el hombre no sea muy culto pero sabe que su compadre no está dispuesto a renunciar al lujo de su vida europea. Ha oído hablar sobre el fracaso del Libertador cuando este intentó gobernar Venezuela desde la distancia. También sabe que Guzmán Blanco no es Simón Bolívar y París queda mucho más lejos que Bogotá.

El General Crespo nota que el compadre no se encuentra a gusto en  Caracas. Que cada vez que alguien le habla sobre los problemas que afectan la política nacional, este prefiere esquivar el tema para hablar sobre los éxitos sociales de su familia en Europa y los compromisos que tiene en Francia tan pronto como llegue allá la primavera. Todo parece indicar que al finalizar su bienio, empacará los corotos para marcharse a la ciudad de la luz y únicamente puede confiar la presidencia al “Héroe del Deber Cumplido”.

Una tarde a mediados de 1888, ambos cabalgan desde Turmero hacia Maracay cuando, ante el castigo del calor del mediodía, se detienen bajo la sombra que les brinda la copa del Samán de Güere. Es allí que el “Ilustre Americano” le niega al “Tigre de Santa Inés” la oportunidad de volver a sucederlo al mando del gobierno.

-Eso no es posible compadre. Sería un bochorno y muy mal visto entre nuestros compatriotas, yo no soy Páez ni usted Soublette.-

Inmediatamente procede a informarle que el próximo Presidente de la República será el Dr. Juan Pablo Rojas Paúl.

-Yo no entiendo esa vaina compadre, usted no me puede devolver la presidencia a mí, pero yo sí se la puedo devolver a usted. Para el pueblo funciona la fórmula Guzmán, Crespo y Guzmán, pero no la de Crespo, Guzmán y Crespo.-

Esta conversación trunca los sueños del llanero y se convierte en la sentencia de muerte a la amistad y fidelidad que los ha vinculado durante los años de la Guerra Federal, la presidencia del Mariscal Falcón, la “Revolución de Abril” y la escalada hacia la cima del poder. Joaquín Crespo es ahora enemigo del compadre Antonio y opta por retirarse a su hato en Turmero para luego abandonar el país.

Rojas Paúl asume la Presidencia de la República y durante su bienio caen las estatuas de Guzmán Blanco. Este hecho marcará el final de la influencia del “Ilustre Americano” en la política venezolana, así como también el comienzo del proceso de desintegración del Partido Liberal Amarillo.

Mientras tanto, Crespo observa lo que sucede en Venezuela desde el exilio en Trinidad. Allí recibe la visita de doctores y generales del liberalismo que visitan su residencia para saludarlo, pedirle consejo y felicitarlo en el éxito de su negocio de goletas para el cabotaje entre Venezuela y las islas del caribe. Él agradece el gesto y les informa que con las ganancias de sus operaciones marítimas ha comprado moderno arsenal fabricado en Bélgica que cuenta con fusiles, carabinas automáticas, piezas de artillería pesada y munición suficiente para derrocar el débil gobierno del Rojas Paúl.

La conjura está armada y todo parece indicar que, estas navidades, Don Joaquín y Doña Jacinta se comen las hallacas en la Casa Amarilla. Así se rumorea en Caracas y otras ciudades del país a mediados de noviembre del año 1890.