Jimeno Hernandez: La tragedia del heredero

Algunas veces no se necesita audiencia con brujos o adivinos para conocer el desenlace de la crónica de una tragedia anunciada. No es secreto para nadie que el Presidente de la República está orientado por la mala estrella y tiene un ángel de la guarda que brilla por su ausencia. Este individuo de escasa educación ha heredado el poder por obra y gracia de una sombra amiga y le ha tocado lidiar con un país cuya sociedad es un hervidero de odios y atraviesa un intenso malestar económico.

Las arcas del gobierno se encuentran arruinadas y la insolvencia es total. Ya se ven florecidos los espinales sembrados durante años de medidas arbitrarias, control sobre el Congreso Nacional, torpezas en la gestión pública, malversación de fondos, tráfico de influencias e inestabilidad jurídica. El heredero insolvente se encuentra mal asesorado y ya no encuentra cobre para repartir entre la tropa o los empleados públicos.

Muchos son los que opinan que han sido demasiados los años de atropellos, silencio y complicidad. En ciudades, pueblos y caseríos, a falta de prensa, se propagan las hablillas de corredor y abundan las lenguas que afirman que José Gregorio no es ningún santo y puede ser peor que el hermano que predica sus bondades como aspirante al patronato. Que no cuenta con el apoyo del pueblo pues hay cosas que no se heredan y jamás irá en contra de la voluntad de José Tadeo porque quien le pega a la familia se arruina. Su hermano mayor, y antecesor en la silla, le ha impuesto la obligación de cuidársela y como él lo respeta como si fuera un padre, hace todo lo que este le diga con el propósito de obtener su cariño y aprobación. Así continúa José Tadeo manipulando los hilos de una perfecta marioneta del poder.

En las instituciones del gobierno empiezan a figurar los integrantes de esta famosa estirpe mientras se multiplican los pesares, descontentos y enemigos del ahora bautizado Monagato. Entonces la abolición de la esclavitud, promulgada el 24 de Marzo de1854, se convertirá en el único galardón por el cual se recuerda este gobierno por demás nefasto e incoloro.

Como producto de un simulacro de elecciones en el que José Tadeo Monagas figura como único candidato, el santo devuelve el favor de la Presidencia al hermano y se retira a sus posesiones pecuarias de Barcelona. Por allá se encuentra cuando explota la “Revolución de Marzo” de 1858 y no le queda otra que aceptar, como hecho consumado, el derrocamiento de un régimen aborrecido por todos.

El pobre José Gregorio ha pecado por su inocencia y santidad en tiempos de inquisiciones y abogados del diablo. Mientras José Tadeo tramita salvoconducto para huir del país desde la Legación Francesa, él decide no protagonizar acto de protesta o desconocimiento del nuevo gobierno y entrega la plaza de manera pacífica al enviado de Castro, el General Justo Briceño.

El expresidente es aprehendido en el sitio por el contingente revolucionario y lo embarcan en un buque de guerra hasta Puerto Cabello. Desde allí lo trasladan a la fortaleza de San Carlos de la Barra en el Lago de Maracaibo. Ahora el Libertador de los esclavos es dueño de un par de grillos y se encuentra reducido a un húmedo e insalubre calabozo en el cual le entregan un pocillo de agua diario y no puede ver los rayos del Sol.

Una vez que atraviesa las puertas de esta temida fortificación la suerte de José Gregorio está echada. El tránsito desde estas celdas hacia la tumba suele ser cosa rápida para los confinados a esta cárcel y así le ocurrirá a este caído en desgracia. En cuestión de días empieza a mostrar síntomas de una terrible enfermedad. Apenas puede respirar, tiene la lengua color aplomado y su saliva es pastosa. Sufre de cólicos incontinentes, acuosos y amarillentos, tiene una sed insaciable y tos de garganta áspera. Todos los anteriores indican que se ha contagiado de cólera.

Una tarde de mayo las noticias de la enfermedad del preso político llegan a oídos del Gobernador de la Provincia, el señor José Serrano, quien solicita al Secretario de Interior y Justicia se ordene el traslado del expresidente a la ciudad pues requiere asistencia médica con carácter de urgencia, pero la solicitud es negada y Monagas va menguando lentamente afligido por una violenta agonía.

Es a mitad de Julio que los doctores pueden ingresar a la prisión por orden de Serrano y deciden embarcar al enfermo inmediatamente para tratarlo en Maracaibo. José Gregorio arriba inconsciente y desciende del buque “Céfiro” en brazos de sus hijos. En el muelle lo sientan en una silla de ruedas y allí expira sin articular palabra ni exhalar gemido.

Eso ocurrió el día 15, a las 5:15 de la tarde.