Jimeno Hernández: Tiempos lentos de transición

Comienza un nuevo año y el panorama político en Venezuela es de incertidumbre y angustia pues ni los brujos saben que pasará aquí en un futuro no muy lejano. El régimen está caduco y el hombre del bigote ya no es más que una sombra. La muerte lo acecha de cerca y es la dama de negro la que pone término a su dominación tiránica la madrugada del 17 de diciembre de 1935. Este año nuevo promete cambio y, traiga lo que traiga la tormenta, las ruinas servirán para fundar los pilares de la democracia.

La muerte del dictador se convierte en el despertar de una larga pesadilla. En el país no existen partidos políticos, libertad de prensa o tradición electoral. Así han sido las cosas por muchos años y ahora empiezan a cambiar. Son miles las voces que claman a coro la idea de convocar a una constituyente y solicitan la disolución del Congreso. Los herederos del poder sufren de sordera y, en abril de 1936, las cúpulas gomecistas eligen como Presidente de la Republica a otro Tachirense, el General Eleazar López Contreras. Comenzará así una época bajo el lema de “calma y cordura” que traerá una ola importante de cambios al país.

Al poco tiempo de su elección, los castillos y cárceles del régimen se vacían de presos políticos como gesto de amnistía, “La Rotunda” es demolida y en su lugar se construye la “Plaza La Concordia”. También empiezan a desembarcar en las costas y puertos aquellos que llevan años en el exilio. Algunos de los liberados y desterrados regresan a sus hogares tan solo para morir junto a los queridos, otros llegan a predicar su credo político y aspiran participar activamente en las discusiones de la problemática que azota a la nación. Ahora todos desean ser partícipes en los procesos de creación de soluciones para enfrentar la crisis.

El nuevo régimen reforma la Constitución, limita el periodo presidencial a cuatro años y delega la elección de diputados al Congreso Nacional a los Concejales electos por las Asambleas Municipales, estos últimos serán electos mediante voto popular y directo. Además de eso, se promulga una Ley Electoral que, por primera vez en nuestra historia, crea un órgano encargado de la dirección y control del proceso de votación, el Consejo Supremo Electoral. Es así que aparece en el horizonte el destello de las primeras luces del amanecer de la democracia.

Organizarse en el interior y los campos no es cosa fácil, por esos lados rara vez llegan noticias y las elecciones continúan siendo función exclusiva de las autoridades regionales. En los centros poblados como Caracas, Valencia, Maracaibo y Nueva Esparta la realidad es distinta, la gente se organiza rápidamente en partidos y asociaciones que conquistan triunfos importantes. El trabajo duro e ininterrumpido rinde frutos y así se logra la hazaña de conquistar algunos curules en el Congreso Nacional.

La transición no es un proceso color de rosas pues los cambios no llegan solos. Estos requieren esfuerzo, implican sacrificios y la transformación de un país puede ser un camino empedrado de desilusiones, así lo demuestran los hechos. Los problemas empiezan cuando la Junta Electoral Municipal de La Candelaria se niega a inscribir como Concejales a Salvador de La Plaza y Gustavo Machado pues ambos tienen fama de ser comunistas y esa tendencia política no es bien vista.

Ambos ciudadanos apelan ante el Consejo Supremo Electoral y es su Presidente, Carlos Morales, el que se pronuncia. Ordena que todas las Juntas Electorales Municipales del país inscriban a los ciudadanos sin entrar en detalles o interrogatorios acerca de sus inclinaciones y fundamenta su decisión alegando que la Ley Electoral “no exige requerimiento sobre ideología política”.

En estos tiempos lentos mucho se apela y, poco a poco, se va pelando la mandarina. La Junta de la Candelaria apela la decisión de Morales ante la Corte Federal de Casación y es esta la llamada a poner orden en el desorden. La sentencia respalda a los demandantes de La Candelaria pues el Inciso VI del articulo 32 la Constitución establece que el comunismo es pensamiento pernicioso y sus partidarios son traidores a la patria. Entonces aprovecha la Corte para anular las credenciales Juan Oropeza, Jóvito Villalba y Raúl Leoni como Diputados y la de Gonzalo Barrios como Senador pues, según su criterio, “Se trata de una elección recaída en reos ya presuntamente convictos”.

Nadie dijo que la transición era papa pelada o mango bajito. Todavía queda camino por delante pero no desespere, la democracia está cada día más cerca.