Jimeno Hernández: La crisis del partido liberal

El Dr. Juan Pablo Rojas Paul ha resultado electo Presidente para el periodo 1888-1890 y la ausencia de Guzmán Blanco se hace sentir en Venezuela. El jefe de la causa se encuentra en Paris y la gente observa como pierde interés e importancia en la vida política del país. La integridad del Partido Liberal ahora se ve amenazada por las pugnas internas entre aquellos que alegan mérito y categoría suficiente para sustituirlo.

A falta del caudillo, la unidad del oficialismo demuestra estar pegada con saliva y comienza a desmoronarse rápidamente. El Partido se ha fraccionado entre los de Crespo, los de Araujo, los de Muñoz Tébar, los de Fonseca, los de Matos y los de Abreu. Mientras tanto los estudiantes universitarios, entre mofas y protestas, predican la idea del derrocamiento de las estatuas del tirano. Todos estos hechos demuestran que, en Venezuela, no existe Guzmancismo sin Guzmán.

Rojas Paul se encuentra al tanto de sus debilidades y no desea seguir los pasos del extinto Guzmancismo. Sabe que su fuerza política se nutre de la división ajena, entonces opta por mantener silencio y permitir que los otros hagan y deshagan a su antojo.

Todos aquellos que se creen herederos del trono mueven sus tentáculos, sueltan la lengua y lo atacan por ser uno de los jalabolas predilectos del “Ilustre Americano”. Lo tildan de hipócrita, falso y escurridizo, pero él hace caso omiso a sus detractores pues sabe que las palabras no tumbarán su gobierno por anémico que sea. El hombre tiene experiencia y es político habilidoso, por ello intuye que el poder reposará en aquel que sepa liquidar el peso muerto de los intereses de Guzmán Blanco.

La suerte parece estar del lado de Rojas Paul y los vientos empiezan a soplar para hinchar las velas de su bienaventuranza. Su gobierno, sin mucho esfuerzo, descubre que el General Joaquín Crespo prepara una invasión para tumbarlo. Sus espías en el exterior le han informado que el guariqueño se dispone a embarcar un vapor de nombre “Bolívar” en Trinidad y va acompañado de un ejército dotado de armamento europeo. “El Tigre de Santa Inés” sospecha que su intentona ha sido delatada y hace caso omiso. Como llanero muere cantando así esté penando el alma, igual decide embarcarse en su empresa quijotesca.

La invasión es recibida en alfombra roja que lleva a los alzados directamente hacia los calabozos de La Rotunda. Con Crespo tras las rejas, desaparece la amenaza principal contra el nuevo gobierno. Finalmente ha llegado la hora de Rojas Paul y este empieza por visitar al guariqueño en la cárcel. Allí se entrevistan ambos sin testigos y la reunión trae paz a la Republica y garantiza la dimisión de Crespo en su pretensión de poder.

Con el panorama libre de amenazas armadas, el caraqueño decide capitalizar en su favor la creciente ola reaccionaria en contra del Guzmancismo. El Presidente toma, de aquí y de allá, a cualquier personaje que se desprende de otras facciones y lentamente construye su fortín político a base de ripios. Así se escriben entonces las primeras letras de un nuevo capítulo de la historia política de Venezuela.

Rojas Paul es hombre inteligente y se decide a llevar adelante, sin temor o vacilaciones, la reacción anti-guzmancista. Así hace despegar un innovador proyecto que será bautizado como la “Rehabilitación Nacional”.