Jimeno Hernández: Régimen Caribe

El estudio de las tribus precolombinas y el resultado de la fusión genética y cultural producto del fenómeno del mestizaje americano ha sido menospreciado por nosotros.

Su importancia histórica se ha visto mitigada por factores como la apatía del peninsular ante la redacción de crónicas referentes a ese tropezón de razas  y la falta de criterio científico de los historiadores. Paradójicamente el resultado de la ecuación es una incógnita, un vacío histórico que nos priva de una pieza fundamental de ese rompecabezas que llamamos venezolanidad.

Nuestra sangre es un sancocho de razas que nos define como sociedad y por ello la importancia de identificar los ingredientes de la receta del potingue. Uno de los múltiples aderezos es la tribu de los Caribes, una de las primeras que conocieron los ibéricos en su excursión al otro lado del mar.

Inmortalizados como los más feroces nativos del nuevo mundo, estos caníbales le notifican al enemigo que la guerra se avecina al son de botuto y tambores que  pueden escucharse a más de tres leguas de distancia.

Marchan a la batalla teñidos de azul y equipados con escudos de cuero de danta y petos acorazados de caimán. Llevan como armas el arco y flecha; cerbatana con dardos y un madero de un metro de longitud llamado macana que tiene forma de remo por un extremo y un rotundo por el otro. Sus flechas tienen una hendidura anular en el pico que les permite quebrarse al impactar y así alojar la punta en el cuerpo; aliñan sus dardos con una toxina letal llamada curare y utilizan la macana para liquidar al contrincante con un porrazo de misericordia al dolor de un flechazo o el veneno del dardo. Son guerreros audaces aunque no suelen pelear de manera frontal ya que se distinguen por batirse en emboscadas y ataques nocturnos.

El Jesuita Cassani relata que son verdaderos expertos matando tigres. Según su testimonio, lo aguardan cuerpo a cuerpo y al instante en que el felino embiste, el caribe previene el ataque con un dardo o una flecha. Que la bestia al sentirse lesionada, abandona el careo y por inclinación natural acude a remediar su daño, embrutecida por el tormento del dolor baja la guardia y deja que el indio lo aproxime para darle con la macana y así reventarle el espinazo.

El fraile Juan Martínez de Santa Cruz quien fuera comisionado por el Rey de España para el estudio de los caribes, presentó a la corona un informe en el relata que estos aborígenes adoran al cielo. Piensan que allí habitan un gran señor y una gran señora que los cuida y son quienes envían las aguas a la tierra. Que el Caribe que es bueno se va junto a esa pareja celestial y el malo se va donde un espíritu maligno que llaman Yaguanjú.

Un dato realmente curioso contenido en el informe de Martínez de Santa Cruz menciona que los aborígenes caribes suelen hablar con los pájaros. Que responden al trino pues dicen que las aves son las criaturas más cercanas al cielo y los mensajeros del más allá.

No se extrañe usted que un hijo de Yaguanjú con fama de matatigre y que hable con los pájaros se erija como líder de un régimen caribeador.

Y no olvide que en Colombia también hubo caribes.