Mariana Hernández: Los Opinadores de Oficio

Cuando me dijeron que escribiera un artículo, eran muchos los temas que me vinieron a la mente. Estamos atravesando una situación política, social, económica, cultural y hasta moral; que deja mucho que desear, y que provee de material suficiente para escribir por muchísimo tiempo. Sin embargo, pensé en escribir sobre algo que nos hace un inmenso daño y que creo que es sencillamente atemporal: los opinadores de oficio.

Estas últimas semanas, por cosas del destino, coyuntura, azar, o como quiera usted llamarlo; he tenido ‘el tiempo’ de darme cuenta que, los opinadores de oficio, siempre han estado allí, están allí y van a seguir estándolo por los siglos de los siglos, o hasta que la propia sociedad los guarde en el baúl de los recuerdos y haga caso omiso a sus opiniones. En los momentos más difíciles, donde la decisión de un alma o un colectivo puede generar una gran diferencia, o marcar el destino de muchos, siempre aparecen estas criaturas que tienen como objetivo de vida criticar absolutamente todo, pero no con la finalidad de ayudar a corregir errores y generar cambios para mejorar, sino para destruir. ¿Lo peor de todo? No son solamente las críticas sin fines constructivos o de mejoras; lo peor, es que son críticas generadas no desde las comunidades, la calle o el trabajador social, sino desde la comodidad de un escritorio, una computadora, un teléfono inteligente, la oficina o algún lugar paradisíaco donde se disfrutan de unas ‘merecidas’ vacaciones; son opiniones sin sentido crítico, nacidas a larga distancia de los problemas que realmente nos aquejan a los venezolanos.

Es increíble e inaudito que  alguien sea lo suficientemente ‘cara e tabla’ como para generar comentarios, artículos e incluso entrevistas; que atacan la actuación de aquellos que sí trabajan por el país, aquellos que luchan por construir un país para todos los venezolanos, independientemente de nuestras diferencias; aquellos que no descansan porque saben que su esfuerzo es fundamental para cambiar la dura realidad que nos aqueja, aquellos que dejan el pellejo por el bienestar y el progreso de los que creen y también por los que no creen en ellos.

A pesar de las malas intenciones de estos hombres y mujeres, es la sociedad quien sigue alimentándoles el ego y las páginas que escriben semanalmente, e incluso diariamente. Investigar, indaga, averiguar nos hace capaces de generar opiniones que generemos de obtener información veraz de todas las fuentes que podamos. Aprendamos a ponernos en los zapatos del otro, antes de generar críticas influenciadas por estos opinadores que llevan años e incluso toda una vida, desconociendo los problemas de los venezolanos, y para quienes ser observadores es más fácil que ser protagonistas de los cambios que quieren ver en su entorno, porque significa asumir sacrificios.