Boris Elneser: La obligación de ponernos de acuerdo.


La mayoría de los políticos intentan convencer a los electores de oposición a ir a votar en las municipales con miles de frases ridículas, las mismas que vienen usando desde el 2002: “por tus hijos, por la libertad” o “es una batalla más que debemos dar para evitar el dominio cubano” o la clásica “que nuestra protesta se convierta en un mar de votos”. En verdad ya es hora de que cambien el discurso y empiecen a explicar las cosas con más profundidad; seguro genera mejores resultados.

Esto es lo que puede suceder: si la oposición lograra más votos que el oficialismo -no más alcaldías, y fíjense que digo oficialismo y no chavismo, que son cosas diferentes ahora- para quién sería un claro mensaje es para el chavismo. Es inminente  una victoria nacional de la oposición, el crecimiento es sostenido y pronto la trampa electoral en las mesas no será suficiente para voltear los resultados. Una vez que la primera victoria se dé será un hecho que el próximo presidente será de un partido diferente al PSUV, eso desatará cambios de partido por todos lados y el debilitamiento de la estructura gubernamental.

Todo eso está sucediendo en este momento, no lo vemos, pero estamos en pleno proceso de transición, y los más inteligentes se están dando cuenta. Un presidente de la oposición – con lo que ya no será oposición más –  traería la ruptura de los dos super bloques políticos. El chavismo finalmente se fragmentaría en varias grandes tendencias al no poder sostener la nómina de su partido y probablemente se armen diferentes movimientos usando el nombre del Chávez, y ante ese escenario la MUD hará lo mismo, los partidos de la alianza autodenominada democrática no verán la necesidad de seguir unidos en todos los espacios. Las alianzas seguirán existiendo, es parte de la política, pero no será MUD con MUD ni PSUV con PSUV únicamente; lo herederos de estos movimientos empezaran a mezclarse por conveniencia o por convicción, el juego va a abrirse.

Capaz a algunos les suene a tragedia este panorama, pero no podrían  estar más equivocados. La apertura de la dinámica política acabará con el chantaje de la polarización que en este momento hace imposible que políticos del chavismo y la oposición se pongan de acuerdo para llevar adelante propuestas, todo lo contrario: estos días es obligado estar en desacuerdo con el otro para poder tener futuro en la política. Un país que no puede ponerse de acuerdo es un país que está condenado a estar estancado y fracasar.

Nuestro futuro no depende únicamente de un cambio de gobierno, depende de la capacidad que tengamos para inmediatamente poner nuestras diferencias de lado y generar un gran consenso nacional basado en las necesidades de nuestro pueblo – no del que vive en el este de Caracas, en Lechería o en el norte de Valencia – pero que no sacrifique la eficiencia gubernamental ni las libertades individuales. Por esta razón hago un llamado a todos mis compañeros a mantener la crítica, pero cuidar las formas, porque a quien hoy atacamos es a quien mañana necesitaremos para construir un gran acuerdo nacional. Recuerden que “Somos dueños de lo que callamos, y esclavos de lo que decimos”.